Ella, felina y ondulante. Él, de negro, furioso; la voz más grave que cuando da discursos, un tono de afonía rockera. Una mano vibra desenfrenada mientras canta. Ella enfundada en sus brillos y curvas. Él rodeándola, un gato siamés. Arde: «Quiero verla en el show, es como un gato siamés. Su cola arde en el risco. Espero que alguna vez, al ver sus ojos me den alguna noche de hotel». El público salta y canta, y luego un beso íntimo entre ambos. La danza, ell...