Un cactus me ataca. Créase o no, cada vez que le paso cerca en el balcón, y aun sin tocarlo, un arsenal de espinas diminutas se me clava en las pantorrillas . Pensé que era un mecanismo de defensa sofisticado, un precursor natural de los escudos de misiles con que se blindan algunos países, pero no: un jardinero me dijo que la planta no dispara. Es una Opuntia carnosa que me regalaron hace poco . Al acercarme, la electricidad estática que genera mi cuerpo ...