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Preocupante hallazgo: un estudio reveló lo que pasa con los bosques amazónicos quemados y empeora los pronósticos de regeneración
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Preocupante hallazgo: un estudio reveló lo que pasa con los bosques amazónicos quemados y empeora los pronósticos de regeneración

Un estudio reciente respaldado por la NASA y encabezado por la investigadores estadounidenses reveló que los bosques amazónicos afectados por incendios pueden mantener temperaturas más altas durante décadas. La investigación analizó cómo el fuego modifica la estructura forestal y prolonga el estrés térmico en estos ecosistemas clave para el equilibrio climático global.

Los resultados indican que los bosques dañados pueden permanecer más calientes que los intactos o talados selectivamente por al menos 30 años. Esta situación podría influir en la recuperación de la vegetación y en su capacidad de almacenar carbono.

El hallazgo aporta nueva evidencia sobre los impactos de los incendios en la selva tropical y abre el debate sobre las estrategias de conservación y restauración de estos ecosistemas.

Los bosques amazónicos quemados permanecen bajo estrés térmico por 30 años

Una investigación científica concluyó que los bosques de la Amazonia brasileña afectados por incendios pueden permanecer aproximadamente 2,6 °C (4,7 °F) más calientes que los bosques vecinos intactos o talados selectivamente durante al menos tres décadas.

El estudio fue publicado en la revista Environmental Research Letters y advierte que el fuego provoca cambios profundos en la estructura de la selva tropical, lo que ralentiza su recuperación y debilita su capacidad para tolerar el estrés climático y almacenar carbono.

La autora principal del trabajo, Savannah S. Cooley, investigadora del Centro de Investigación Ames de la NASA y doctora de la Universidad de Columbia, explicó: “Estamos descubriendo que la quema tiene importantes impactos ecológicos a largo plazo y que la regeneración es mucho más vulnerable: es más lenta o no se produce en absoluto”.

Los investigadores observaron que, además de ser más cálidos, los bosques quemados presentan mayor inestabilidad térmica. En comparación con bosques intactos o manejados con tala selectiva, registran mayores fluctuaciones diarias de temperatura y superan con más frecuencia los umbrales fisiológicos que afectan la función de los árboles.

Durante el pico de calor de la estación seca, casi el 87 % de las hojas expuestas al sol en bosques quemados registró tasas de respiración superiores a las de fotosíntesis, frente al 72 a 74 % en los otros tipos de bosque. Asimismo, estas áreas tenían diez veces más probabilidades de cruzar el umbral de daño duradero.

El análisis se realizó con imágenes satelitales del municipio de Feliz Natal, en el Arco de Deforestación de Brasil, la franja de transición entre el Amazonas y el Cerrado, donde se concentra la mayor pérdida de bioma. En esa zona,los incendios y la tala tuvieron un incremento sostenido entre 1980 y la actualidad.

Los resultados indican que el fuego reduce el dosel superior (las hojas y ramas que forman los árboles cuando sus copas se juntan), elimina vegetación intermedia y disminuye la superficie foliar, lo que reduce la sombra y la transpiración que normalmente enfrían el bosque.

Como consecuencia, la radiación solar calienta más las superficies expuestas y el aire cercano al dosel, mientras que los bordes generados por áreas despejadas permiten el ingreso de aire más cálido. Este calor adicional puede permanecer hasta que el bosque reconstruya su estructura vegetal, un proceso que puede tardar décadas.

El estudio también advierte que, en imágenes satelitales ópticas, algunos bosques dañados por incendios pueden parecer recuperados, aunque todavía sufran alto estrés térmico. Esto podría llevar a sobreestimar los beneficios de carbono asociados a la regeneración natural. En ese sentido, incorporar datos sobre el calor fisiológico permitiría evaluar con mayor precisión el papel de los bosques tropicales en las estrategias climáticas.

Cooley subrayó que aún existen acciones posibles para reducir el impacto ambiental: “Hay mucho que podemos hacer para minimizar el daño a la biodiversidad y a las especies que sufren este estrés, tanto en términos de gestión forestal, ayudando a reducir los incendios en la Amazonía, como en la mitigación del carbono, continuando con la reducción de emisiones de forma agresiva y rápida, y la transición hacia una economía energética sostenible y limpia”.