Venezuela despachó este viernes el primer cargamento de gas butano hacia Colombia a través del puente binacional Simón Bolívar, ubicado en San Antonio, en el estado venezolano de Táchira.
El envío, realizado mediante cisternas de gas licuado de petróleo (GLP) operadas por Petróleos de Venezuela (Pdvsa), fue presentado por funcionarios venezolanos como una donación y coincidió con una reunión de alto nivel entre ministros del gobierno colombiano y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en Caracas.
Para entender la relevancia de este primer cargamento, hay que partir de un dato concreto: Colombia no alcanza a producir suficiente gas para cubrir su propio consumo. Desde diciembre de 2024, el país ha tenido que importar este energético para atender la demanda de hogares, pequeños comercios y vehículos que funcionan con gas natural.
Esa importación se hace actualmente a través de la planta de regasificación Sociedad Portuaria El Cayao (Spec), ubicada en Cartagena y operada por Promigas, que recibe cargamentos de gas licuado traídos por barco desde el exterior.
Venezuela, en cambio, tiene enormes reservas de gas, y su vecindad geográfica con Colombia representa una ventaja logística evidente frente a otras fuentes de importación. Sin embargo, hasta hace poco ese escenario era considerado improbable por dos razones. Se trataba del estado de la infraestructura compartida y las sanciones internacionales que pesaban sobre Venezuela.
Existe un gasoducto llamado Antonio Ricaurte que une a Colombia y Venezuela en materia energética. El problema es que lleva años fuera de servicio y necesita reparaciones antes de poder volver a operar. Por eso, el primer envío de gas no llegó por tubería sino en camiones cisterna que cruzaron el puente Simón Bolívar cargados con gas butano en estado líquido. Es una solución transitoria mientras se avanza en la rehabilitación de esa infraestructura.
Aquí puede ver el mapa de la conexión del gaseoducto e interactuar con los puntos para obtener más información.
Durante la reunión en Caracas, los gobiernos acordaron una hoja de ruta para reactivar el gasoducto Antonio Ricaurte, aunque no se fijaron plazos concretos. A ese encuentro asistieron, por parte de Colombia, el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma; la canciller Rosa Villavicencio; la ministra de Ambiente, Irene Vélez; y el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa.
Otro factor que durante años bloqueó esta posibilidad fue que Venezuela se encontraba bajo el régimen de sanciones Ofac, conocido popularmente como la lista Clinton, lo que impedía o complicaba cualquier transacción comercial con ese país. Sin embargo, los cambios políticos ocurridos en Venezuela desde enero de este año han generado una reconfiguración en sus relaciones internacionales, lo que abrió espacio para avanzar en acuerdos que antes eran inviables.
Fue el ministro Palma quien desde el año pasado insistió en explorar la importación de gas venezolano, advirtiendo que los principales obstáculos eran precisamente la infraestructura deteriorada y las restricciones derivadas de las sanciones.
Los dos gobiernos ya tienen agendados los siguientes pasos. Para el 18 de marzo está prevista una reunión orientada a profundizar las relaciones comerciales.
Además, el 23 y 24 de marzo se realizará una cumbre en Maracaibo, en el estado Zulia. Aún no está confirmado si ese encuentro será el primero cara a cara entre Gustavo Petro y Delcy Rodríguez desde que ella asumió la presidencia interina de Venezuela.
Lo que queda por definir es si esta nueva dinámica energética también abrirá la puerta para que Colombia exporte electricidad hacia Venezuela, una posibilidad que fue mencionada durante las conversaciones del viernes pero que todavía no tiene acuerdo formal.