El asado puede realizarse hoy de dos maneras distintas: utilizando el método tradicional con carbón o leña, o mediante parrillas eléctricas potentes y equipos a gas o infrarrojos. La principal diferencia radica en el control del calor y el tiempo de cocción. En el asado tradicional, el rendimiento depende de la brasa, lo que implica un proceso de encendido, espera y ajustes durante la cocción. En cambio, las parrillas eléctricas o infrarrojas ofrecen un rendimiento basado en la potencia, permitiendo un precalentamiento más rápido y un control constante de la temperatura. El uso de parrillas eléctricas o infrarrojas reemplaza el fuego tradicional por una fuente de calor regulable, lo que facilita el manejo de la temperatura y reduce la incertidumbre del asado clásico. Esto permite una cocción más ordenada y eficiente, con zonas de calor bien definidas para sellar y terminar los cortes. Aunque el humo del combustible no desaparece por completo, se reduce significativamente, lo que es beneficioso en espacios pequeños como balcones o terrazas. El asado tradicional, por su parte, ofrece un sabor distintivo gracias al aroma del carbón o la leña, que contribuye al sabor característico del asado. Sin embargo, este método implica tiempos de espera y variaciones en la temperatura debido a factores como la humedad y el viento.