Con la llegada de las temperaturas más frescas, muchas personas con artrosis experimentan un empeoramiento de sus síntomas, como dolor y rigidez articular, lo que dificulta su movilidad diaria. Esta conexión entre el clima y la artrosis plantea preguntas sobre los mecanismos fisiológicos que la explican y las mejores estrategias para su tratamiento, según especialistas. En España, un 33,7% de la población adulta padece artrosis, mientras que en Argentina, más de 3 millones de personas están afectadas. El frío y la humedad pueden agravar los síntomas, impactando la calidad de vida de quienes sufren esta enfermedad, especialmente en invierno. El frío puede aumentar la rigidez y el dolor en las articulaciones afectadas, aunque no es la causa directa de la enfermedad. La artrosis es una condición degenerativa que provoca el desgaste del cartílago en las articulaciones, lo que genera mayor fricción y síntomas como dolor y pérdida de movilidad. Los especialistas indican que la vasoconstricción y el aumento de la densidad de los líquidos sinoviales con el frío pueden contribuir a estos síntomas. Además, las molestias articulares no son exclusivas de la artrosis, ya que pueden presentarse en diversas condiciones reumáticas. Para mitigar el impacto del frío, se recomiendan varias estrategias, como aplicar calor local antes de la actividad, mantenerse activo y realizar estiramientos, evitar el sedentarismo y cuidar el peso corporal.