Elena, de 67 años, comienza cada día escribiendo en una libreta que guarda en su mesita de noche. Con una letra cuidadosa, anota actividades cotidianas como bañarse, ordenar su biblioteca, tender la ropa y llamar a su hermana. A veces, incluye "salir a caminar" como si fuera una obligación, ya que sin esta anotación, es probable que no lo haga. Esta rutina refleja una realidad común en Argentina: durante décadas, la vida adulta estuvo marcada por horarios rígidos, donde el trabajo y el cuidado de los hijos definían la identidad y el propósito diario. Sin embargo, con la jubilación y el vacío que deja la partida de los hijos, muchas personas enfrentan una desorientación temporal. La falta de hitos externos que organizaban su tiempo puede generar una sensación de vacío y confusión. Estudios han demostrado que la satisfacción en la jubilación está relacionada con la capacidad de reconstruir la identidad más allá del trabajo. El silencio y la ausencia de interacciones cotidianas pueden intensificar la sensación de soledad y pérdida de propósito. La investigación sugiere que, para mejorar el bienestar en esta etapa de la vida, es fundamental establecer rutinas y pequeñas actividades diarias. Actividades simples, como salir a caminar, realizar ejercicios mentales o mantener conversaciones significativas, pueden ayudar a crear una estructura que brinde sentido y dirección a los días.