La política monetaria necesita reglas, no discreción
El Gobierno argentino, que asumió con el objetivo de eliminar la inflación, ha implementado políticas monetarias que contrastan con sus promesas de campaña. Desde su llegada al poder, el peso se ha apreciado notablemente, y el Banco Central ha trabajado en coordinación con el Ministerio de Economía para estabilizar la economía. Aunque se logró evitar una crisis mayor, la situación actual plantea interrogantes sobre cuándo los ciudadanos comenzarán a ver los beneficios de estas políticas. A pesar de un crecimiento del 3,5% desde noviembre de 2023 y una reducción de la inflación del 289% al 32% en marzo, el crecimiento se concentra en sectores específicos, mientras que los salarios y el empleo han mostrado un deterioro significativo. Los salarios reales han caído durante seis meses consecutivos, con una pérdida del 8,9% en poder adquisitivo desde el inicio del mandato. Aunque se han creado 113 mil nuevos empleos, esto ha sido a expensas de la pérdida de 265 mil empleos formales en el mismo período. El Gobierno sostiene que no hay un "problema macroeconómico", sino un ajuste "microeconómico" hacia una nueva matriz productiva. Sin embargo, la recesión se extiende más allá de la industria manufacturera, afectando también a sectores dependientes de la demanda interna. La política monetaria ha sido extremadamente contractiva, lo que ha llevado a una caída en la demanda de activos en pesos y ha desestabilizado el mercado monetario, generando una alta morosidad bancaria.