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Fue la historia más triste de DiCaprio y Winslet, pero es el espejo donde hoy se miran miles de parejas en crisis
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Fue la historia más triste de DiCaprio y Winslet, pero es el espejo donde hoy se miran miles de parejas en crisis

Muchos recuerdan la desesperación silenciosa de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en la película Vía Revolucionaria. Lo que pocos saben es que esa historia nació de la pluma de Richard Yates, el escritor que mejor entendió que el amor no se termina por una gran traición, sino por el desgaste de los días.

A 100 años de su nacimiento, sus relatos vuelven a ser tendencia por una razón incómoda: describen exactamente lo que sienten hoy quienes duermen en la misma cama pero se sienten profundamente solos.

Esa 'pesadilla americana' que Yates retrató en el cine también vive en las páginas de Once maneras de sentirse solo.

Richard Yates (1926-1992) fue contemporáneo de J. D Salinger, un poco posterior a John Cheever y un faro absoluto para Raymond Carver. Todos "Santos del cuento perfecto" y del sueño americano roto, Yates es, como lo definió la Universidad de Berkeley, “el mejor escritor del que nunca oíste hablar”.

Trabajó como publicista, fue ghostwriter y hasta escribió discursos para Robert Kennedy. Pero su verdadero legado es su escucha aguda del desencanto. Sus relatos no cargan con el peso de 'la literatura', sino que estallan entre el murmullo de la oficina, la cena en silencio y en el pánico mudo al fracaso.

La trampa de las relaciones perfectas

Es probable que, sin saberlo, esos escritores mencionados hayan hecho —sin máscaras de piel humana ni locos con motosierra— lo mismo que la generación de cineastas independientes de los 60 y 70 (George Romero, Tobe Hooper, Wes Craven) haría con la América doméstica y el terror: mostrar a Estados Unidos como un hogar roto, un pacto social dañado. La masacre de Texas como metáfora caníbal: los suyos devorándose entre sí.

A través de siete novelas y dos libros de cuentos, Yates mostró que el fracaso no suele ser un estallido sino un desgaste diario, una falta de comunicación real. ¿Una infidelidad o una pelea a los gritos? No siempre.

Más bien los gestos mínimos, el óxido de una pareja, las palabras cómplices que se dejaron de usar, el lenguaje que se abandona y los silencios que se acumulan terminan separando a dos personas que todavía duermen en la misma cama.

"Once maneras de estar solo": manual contra el auto-engaño

Publicado en 1958, Once maneras de sentirse solo fue uno de los libros más leídos y comentados de Richard Yates, aunque su mayor éxito comercial llegaría más tarde con Revolutionary Road.

Es una colección de cuentos perfectos, un catálogo de escenas sensibles, íntimas y cotidianas: un chico que sufre el desaire de sus compañeros en la pubertad, una mujer independiente que descubre la chatura del hombre con el que vive, o un grupo de conscriptos necesitados de afecto.

Como Hemingway y Salinger, Yates había combatido en la Segunda Guerra Mundial, y una beca para excombatientes le permitió luego cursar algunos años en la universidad.

Todo empieza con el extraordinario “Doctor Calabaza”: la historia de un chico que llega a una escuela de Nueva York y se obsesiona con la belleza de su maestra, entre la humillación y una sublimación erótica en forma de grafitis.

El recorrido sigue hasta el cierre con “Constructores”, donde un escritor reflexiona sobre sus fracasos personales y un matrimonio que se desmorona. Yates arma ahí su tesis: la soledad es la que se vive acompañado, pero a la intemperie.

Sus relatos se sienten como un cuadro desconocido de Edward Hopper, pero a la vez familiar; como un álbum inédito de Leonard Cohen o Tom Waits, o como el Frank Sinatra de In the Wee Small Hours y Only the Lonely.

No por casualidad, la literatura de Richard Yates fue muchas veces comparada con Nighthawks (Los noctámbulos) de Hopper: personas sentadas alrededor de una mesa iluminada en plena noche. Solos. Vidriados y sin mirarse. Silencio en la noche. La imposibilidad del encuentro.

El legado de Richard Yates a un siglo de su nacimiento: autopsia del afecto

No hay nada de negativo, oscuro ni barroco en Richard Yates. Al contrario: hoy funciona casi como una sesión de terapia. Su honestidad brutal es un antídoto contra la falsa felicidad de las redes sociales. Y si en esta colección practicó una autopsia del amor, fue porque todavía creía en la posibilidad de una felicidad clandestina y compartida.

En general, Yates comparte con Salinger esa escucha aguda del desencanto —la adolescencia como intemperie—, y al mismo tiempo parece anticipar el minimalismo emocional y naturalista que después se asociaría a Raymond Carver.

No es que lo copie: lo prefigura. Más que una suma de historias, Once maneras de sentirse solo funciona como un catálogo de pequeñas derrotas íntimas que completa una de las líneas más altas de la literatura norteamericana.

Justamente escritores como Carver, Richard Ford y Kurt Vonnegut señalaron siempre su importancia, y también la mala suerte de no haber tenido el reconocimiento que sí acompañó a otros colegas de su generación.

Yates escribió Vía revolucionaria en 1961, pero no llegó a ver su adaptación al cine.

Por qué leerlo hoy es más necesario que nunca

Porque en su obra nadie está completamente aislado: todos trabajan, se quieren —o creen quererse— y conversan. Pero Yates muestra que la soledad moderna no nace del abandono, sino del desencuentro: decir lo incorrecto, callarse cuando había que hablar, quedarse cuando ya no queda nada que sostener. Decisiones pequeñas que se aprenden demasiado tarde.

Incluso sus títulos suenan a tratados sobre vínculo, afecto y dependencia: Mentirosos enamorados, Lo mejor de todo, Jóvenes corazones que lloran. Yates murió en 1992, a los 66 años. No tuvo en vida la fama que hoy parece obvia, pero dejó algo más: un mapa para entender por qué, a veces, nos perdemos estando cerca.

6 consejos de escritura de Richard Yates

Estas son las palabras que el escritor Richard Yates fijó sobre su máquina de escribir: una lista de metas a alcanzar mientras transformaba la tinta y el papel en verdaderos hechizos. Literatura perfecta que acaricia los detalles.

  • Claridad genuina
  • Sentimiento genuino
  • La palabra adecuada
  • La frase exacta en inglés
  • El detalle elocuente
  • Una dramatización rigurosa de la historia