En la escuela de la vida nadie te pregunta si quieres inscribirte. Basta con nacer y ya estás matriculado. No hay uniformes ni pupitres asignados. Y el curso escolar, nunca termina. Lo curioso es que en esta escuela somos alumnos y profesores. Donde el gran maestro es el tiempo: ese profesor exigente, paciente y, a veces, severo. No avisa de los exámenes. Un día te despiertas y ahí está el examen en el pupitre. Y si no has estudiado, no tiene sentido pedir un nuevo examen. Algunas materias son fáciles: el amor, la amistad, la alegría. Otras requieren más esfuerzo: la paciencia, la tolerancia, el perdón. También hay materias que preferiríamos no cursar: el dolor, la pérdida, la soledad. Pero es a través de ellas que el aprendizaje se profundiza.
El director de la escuela (muchos lo llamamos Dios) tiene una forma muy particular de preparar las clases. A veces enseña desde el cariño; otras, desde la dificultad. Y así acumulamos calificaciones, sin un boletín impreso, pero con un registro invisible en nuestros corazones.
En el conflicto, aprendemos a valorar la paz. En la escasez, descubrimos lo suficiente. Al presenciar la injusticia, practicamos la empatía. Y en la vida diaria, aprendemos el difícil arte de amar al prójimo, una lección que algunos repiten durante años, sin llegar a dominarla.
En esta escuela no hay vacaciones. No suena la campana para terminar el día. Cada día es una nueva lección. Y, quizás, el diploma final sea la serenidad de mirar atrás y decir: ¡Aprendí! Cometí errores, pero aprendí. Viví la lección hasta el último capítulo.
Claudio Maria Perez Bobasso / licperezbobasso@gmail.com
La renuncia en el Indec, y el control del déficit fiscal
Con la renuncia de Marco Lavagna como jefe del Indec y las explicaciones contrapuestas del mismo con “Toto”, alias “El ilusionista”, aportan confusión a las tantas que nos generan ciertos funcionarios que viven en Narnia. Sobre todo para mantener la calma a un incierto rumbo que la gente acompaña pese a las tribulaciones a las que están sometidas. Explicaciones con tecnicismos dudosos que en la jerga popular son un misterio, nuestro termómetro es el bolsillo o la resignación para una mala calidad de vida, donde muchos no cubren los costos de sus remedios. Pero ciertamente en esto hay poca o nada de empatía en la sociedad. El costo de mantener el control de déficit fiscal es alto socialmente hablando, hay sectores beneficiados, obvio son los menos operando para ellos mismos.
Roberto Rubén Sánchez / sanchezroberto03@yahoo.com.ar
"El error de impresión de boletas y el aumento de patentes"
El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha reconocido el error de los valores requeridos en la impresión de las boletas del impuesto automotor 2026.
Anunció que quedaron sin efecto y que se reimprimirán nuevas. Hasta aquí todo correcto para quienes no la pagaron. Pero nada se dice sobre cómo y cuándo se hará el reintegro del dinero a quienes ya abonamos.
¿Podrá algún funcionario hacernos llegar la aclaración correspondiente?
Roberto José Piatanesi / ropia1311@gmail.comxx
El “Año nuevo de los árboles” para la comunidad judía
Este domingo 1° de febrero inició para los judíos “Tu Bishvat”, el año nuevo de los árboles. Esta festividad pone de relieve la importancia que se le da al árbol en el judaísmo, y un respeto y educación, que le va en contra de aquellos oportunistas, que hacen leña del árbol caído o quemado.
Aprovechando los lamentables incendios en el sur del país.
Estas breves líneas, son un pequeño aporte dentro de tanta ola de odio antisemita, intencionalmente fogoneada.
Natalio Daitch / nataliodsalud@hotmail.com
“Una excursión que podría haber terminado en tragedia”
Hace unos días el mar se picó en Punta del Este y una familia tuvo que ser rescatada por particulares (motos de agua y otras embarcaciones). Ese mismo día realice un viaje con las tantas empresas náuticas que se dedican al transporte a la Isla Gorriti de esa localidad.
Detallo que viajamos como ganado, todo para potenciar el negocio, “cuantos más por cada viaje mejor”, pensarían los dueños. Ingresar a la embarcación por una pequeña e incómoda escalera, me hizo pensar en cómo sería el escape ante una tragedia.
Luego puse la atención en los chalecos salvavidas, que nadie se preocupó de decirnos cómo funcionan. Lo peor de todo es que al contarlos solo había 30 y viajábamos más de 60 personas. Miré si habría algún compartimiento con el resto, ante una emergencia, pero me fue imposible detectarlo.
Sobre cubierta se amontonaban reposeras, sombrillas, enormes heladeras de playa, todo en una montaña que , de desparramarse, generaría más complicaciones.
Por lo visto, la Prefectura de Maldonado, no controla nada, ya no el estado de las desvencijadas embarcaciones, sino la falta de elementos de seguridad que sean visibles para todos.
Ese día, sucedió una tragedia, bien podríamos haber sido nosotros y, de seguro, con muchas víctimas.
Omar Achear / omarachear@gmail.com