Muchas personas buscan dormir mejor y, en este sentido, un reciente análisis internacional sugiere que no todos los ejercicios rinden igual para ese fin.
La revisión estudió a más de 2.500 personas con problemas de sueño y comparó diferentes rutinas físicas.
Los resultados señalan que una práctica destaca por encima de caminar, entrenar fuerza o hacer aeróbicos.
Al hacerlo dos veces por semana y por menos de 30 minutos, mejora la calidad del descanso y ayuda a conciliar el sueño más rápido.
La actividad para conciliar el sueño en minutos
El yoga, cuando se practica dos veces por semana y en sesiones cortas (menos de 30 minutos), logró un mayor impacto que caminar, hacer fuerza o ejercicios tradicionales, incluso frente a otras prácticas orientales como el tai-chi o el qi gong.
Aunque los científicos aún no están seguros de la causa exacta, varias hipótesis explican por qué el yoga es tan eficaz para inducir sueño. Una de las principales es el control de la respiración: la práctica consciente y profunda puede activar el sistema nervioso parasimpático, responsable de la calma y la relajación, facilitando la transición al descanso.
Además, estudios previos muestran que el ejercicio moderado o vigoroso -como el yoga activo o "power yoga"- puede aumentar la cantidad de sueño profundo (“slow-wave sleep”), la fase más restauradora del descanso. Esto ayuda tanto en la conciliación como en la calidad del sueño.
Al mismo tiempo, el ejercicio regular también reduce el estrés y el exceso de cortisol (la hormona del estrés), una causa frecuente de insomnio. Esa combinación -menos tensión, respiración controlada, cuerpo más relajado- favorece que muchas personas se queden dormidas en minutos, en lugar de dar vueltas en la cama.
Otras actividades útiles, pero con menor impacto
Aunque el yoga sobresale, no significa que otras prácticas físicas sean inútiles. Caminar -especialmente a paso moderado- o hacer ejercicio aeróbico o de resistencia también puede mejorar significativamente la calidad del sueño, sobre todo si se realiza con regularidad.
Por ejemplo, una caminata de 30 a 45 minutos en la tarde puede ayudar a reducir despertares nocturnos y favorecer un sueño más profundo.
Sin embargo, estos métodos tienden a requerir más tiempo -semanas o meses- de práctica constante para mostrar resultados perceptibles, mientras que el yoga de alta intensidad parece ofrecer beneficios más rápidos y notables.