Edicion Argentina AR · 14 Mar 2026
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AR 14 Mar 2026
Las genealogías rotas
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Las genealogías rotas

Las lógicas de la herencia son extrañas. Cuando una persona está enferma o muere, los parientes cercanos -bienintencionados, en muchos casos- se sienten afligidos por esa incógnita que es la ausencia infinita. Pero al mismo tiempo -a los que les toca, claro- saben que van a ser dueños de una propiedad o de un patrimonio que quizás les cambie la vida. ¿Es justo asociar la muerte a una especie de -perdón por la expresión- recompensa económica de los deudos?

Sé que es difícil, y feo, plantearlo así pero también sé que se trata de una realidad cotidiana. En algunas ocasiones, cuando hay algo para repartir, todo pasa de manera amigable, coherente. En otras, aparecen las disputas. A veces con cierto asidero, pero de tanto en tanto sólo son una forma de expresar la molestia o, más aún, el rencor atrasado que no se supo hablar antes.

¿Tengo respuestas a estos conflictos? No, sólo me doy cuenta de que hay algo que hace ruido. Se me ocurren ingenuidades. Por ejemplo que haya un mediador para trabajar las -falsas o no- acusaciones y que de alguna manera evite las rupturas. Aunque alguien dirá, ¿si no se quieren hablar más por qué es necesario que lo sigan haciendo?

La respuesta parece sencilla. Por una parte, para no vivir con bronca toda la vida. Pero eso no es lo más importante, lo esencial pasa por otro lado: que las nuevas generaciones no sean extrañas. Se pierde no sólo el contacto entre los que deciden quitarse el saludo sino entre sus hijos y los hijos de sus hijos. ¿Romper una genealogía por dinero? ¿No hay un punto intermedio?

Algunos de mis abuelos tuvieron -como era usual tiempo ha- muchos hermanos. Por lo tanto, hay primos en segundo o tercer grado que no conozco. Un par de veces, uno de estos parientes jóvenes empezó a buscar raíces, envió un mensaje por las redes y se inició un contacto. Puede haber onda, o no, pero hay voluntad de explorar los orígenes. Eso es lo que no debemos anular: el vínculo de los que desean tener derecho a un pasado, a una familia.