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AR 17 Mar 2026
A pesar de estar peleados David Gilmour y Roger Waters eligieron la mejor canción de Pink Floyd
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A pesar de estar peleados David Gilmour y Roger Waters eligieron la mejor canción de Pink Floyd

Sin embargo, a pesar de esas diferencias artísticas y personales que los han separado durante décadas, ambos siguen coincidiendo en un punto fundamental que es la elección de la mejor canción en la historia de Pink Floyd.

Esa pieza no es otra que “Echoes”, el extenso tema incluido en el álbum Meddle de 1971, al que Gilmour ha calificado como “una obra maestra”.

Por su parte Waters, sostiene que "Echoes" ha definido el punto de partida fundamental de toda su filosofía creativa.

David Gilmour calificó específicamente a "Echoes" como una "obra maestra" (o masterwork) en una entrevista con la revista Guitar World publicada en 1993. "Creo que 'Echoes' es la obra maestra del álbum [Meddle] – aquella donde todos estábamos descubriendo de qué se trataba Pink Floyd", expresó.

“Echoes”: anatomía de una obra maestra de Pink Floyd

“Echoes” se erige como un colosal puente sonoro dentro de la discografía de Pink Floyd, con sus más de 20 minutos de duración y una construcción musical que va desde pasajes etéreos hasta intensidades profundas, envolviendo a quien la escucha en un viaje que trasciende lo convencional.

Lo que hace de “Echoes” una canción tan especial dentro del repertorio de Pink Floyd no es solamente su largo formato, sino la manera en que combina experimentación, melodía, improvisación y atmósfera.

La pieza ocupa todo el lado B del álbum Meddle y fue creada por los cuatro miembros clásicos de la banda —David Gilmour, Roger Waters, Richard Wright y Nick Mason— en una sesión de exploración sonora que terminó dando lugar a una experiencia musical singular.

Desde un inicio hipnótico con un “ping” resonante similar a un sonar hasta capas superpuestas de guitarra, piano, órgano y ritmos que evolucionan como olas, “Echoes” desdibuja las fronteras entre composición tradicional y viaje auditivo.

Cada sección fluye hacia la siguiente con una coherencia emocional que pocos temas dentro del rock progresivo han logrado igualar.

Además, la aportación de Waters no se limitó a su rol como bajista o letrista: su visión de la letra y su interpretación vocal en armonía con Gilmour contribuyen a que la canción trascienda lo meramente instrumental para convertirse en un discurso sobre contemplación, vida y conexión humana.

Tensiones y legado: cómo una obra unió a dos caminos separados

Aunque Waters y Gilmour han seguido carreras separadas y, en muchos casos, enfrentadas tras la ruptura de la banda, su reconocimiento común de “Echoes” como obra maestra de Pink Floyd habla de un respeto profundo por el proceso creativo que compartieron.

El propio Gilmour ha señalado en distintas ocasiones que la pieza marcó un punto en el que la banda encontró “su sonido”, un momento culminante en la evolución musical del grupo. Para Waters, la valoración de ese tema suele centrarse en su mensaje y en la forma en que logra transmitir sensaciones y pensamientos complejos más allá de las palabras.