En una síntesis muy ajustada, la posmodernidad que proclamó el fin de los grandes relatos ordenadores de acontecimientos económicos, políticos, religiosos y estéticos dio paso a las pequeñas historias. Sin embargo, con la idea de la globalización se instaló otro gran relato, al que también se da por concluido. Y, desde la postpandemia predomina la noción de crisis : climática, del sistema democrático, de derechos sociales adquiridos… Mientras surgen distopías con la inteligencia artificial de protagonista y posibles nuevas pandemias, el escenario presente se hace muy incierto. El orden imposible del mundo es el concepto que vertebra un conjunto de propuestas artísticas contemporáneas en Fundación Proa. El curador, Francisco Lemus , planteó la exposición a partir de lo que considera una paradoja que atraviesa nuestro tiempo: “la intuición de que todo intento de ordenar el mundo es siempre parcial, frágil o momentáneo”. Pero lejos de ser un problema, lo formula como “oportunidad para mirar lo contemporáneo desde su propia inestabilidad”. ¿En qué obras encuentra esta sensibilidad actual? En primer lugar, en aquellas extendidas en su espacialidad , que nos confrontan perceptivamente y solicitan tiempo en medio del vértigo cotidiano. Su materialidad, además, es precaria y se constituyen en las fronteras entre disciplinas (objeto, escultura, pintura, instalación, site specific , performance). Y aparece lo manual, en tiempos de virtualidad y de supuesta creatividad de la inteligencia artificial, donde cuerpo y concepto (sí, no están escindidos) proponen otra visualidad. Al inicio del recorrido se alza una pared con portadas de libros colgadas sobre lienzos; una por cada día del año (el calendario, ese orden del tiempo ancestral) y de acuerdo con las estaciones del año. Un catálogo de títulos vueltos a situar, pero sin sus páginas . Este trabajo de la artista brasileña Valeska Soares activa desde el comienzo la experiencia estética que continuará. Pertinente deviene encontrar detrás del muro el archivo burocrático –otro ordenamiento– de Martín Legón , a manera de memorial. Una lápida entrelaza las secciones, la cual advierte una memoria ¿perdida, enterrada? La ironía se hace presente en varias de las obras , lo cual se verifica como un rasgo del arte contemporáneo con su poder de acercar a partir de un eficaz distanciamiento crítico. En la segunda sala predomina el color y se contraponen lo íntimo de la vida diaria con la vida pública social alterando la lógica de ambas. La lúdica instalación con vasos de vidrio sobre una pared, de Amalia Pica , es metáfora de comunicación, ¿de escucha?, entre un hipotético adentro y afuera. En tanto, las “barreras públicas” de la brasileña Rivane Neuenschwander aluden al límite entre lo público y lo privado con un cromatismo y estructura que también remiten al juego. La serialidad y su ritmo repetitivo aparece en distintos trabajos –algunos ya mencionados–, como en la instalación de Juane Odriozola de más de treinta banderas hechas con papel de cocina pintado a mano. En tanto, Elena Dahn interviene una pared con yeso y pigmentos a manera de extendida pincelada performática, que enfatiza el proceso. Para pensar no solo en este último caso: todo lo que puede sostener un muro cuando se modifica su rol delimitador , de frontera expulsiva, tan vigente. Adriana Rosenberg , presidenta de Proa, recuerda que una de las líneas de la institución es “visibilizar piezas que por su complejidad quedan de alguna manera ausentes de la escena, ajenas al público”. Una de las que logra este objetivo de acercar y generar la oportunidad de ser más vista es El teatro de la desaparición , de Adrián Villar Rojas , que fue presentada en 2017 en la terraza del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Son algunas de las impactantes partes de un conjunto escultórico, cuyo aspecto blanquecino de polvo involucra la percepción del paso del tiempo. El artista tomó obras de arte de la colección y las replicó proponiendo una “mezcla” de figuras, objetos y mobiliario capaz de modificar su inscripción y jerarquía dentro de la historia del arte. Así configura otro orden en una escena teatral/bacanal, entre la historia y el mito. Lemus destaca el rol de las colecciones privadas al adquirir piezas de estas características , en la medida en que actúan “como un puente que permite que las obras circulen, se activen y encuentren nuevas formas de resonar en la mirada de los públicos”. La expo dentro de la expo En el último piso hay un conjunto de producciones con la curaduría del artista Diego Bianchi . La museografía difiere al proponer espacios cuyos muros presentan aperturas que los comunican visualmente permitiendo advertir las estructuras internas. Bianchi disecciona el espacio y expone su armazón . Una propuesta congruente con las obras seleccionadas, en las cuales el cuerpo es un tópico fundamental en formas segmentadas, contorsionadas y con materiales que las vinculan a la estética trash. En las piezas realizadas por Bianchi, objeto, cuerpo, arte y espacio se articulan a partir de lo descartado y disfuncional en una imagen intensa y cuestionadora. Aparece la ironía, al igual que en la silla icónica lijada hasta convertirla en esqueleto, de Paula Castro . La vestimenta de tela cosida y chapa del artista boliviano Andrés Bedoya oscila entre la fragilidad y la armadura proponiendo un cuerpo atravesado por avatares históricos. En similar sintonía encontramos la escultura de Nicanor Aráoz . La artista estadounidense Patricia Ayres construye una corporalidad sometida al poder (religioso, militar, social). En tanto, el gesto sensorial del mordisco se corporiza en el objeto en yeso de Dolores Furtado. En esta parte de la exposición se encuentran obras de artistas fundamentales del arte argentino como Eduardo Costa y Marcelo Pombo . Se destacan las de Pablo Accinelli, Federico Cantini, Jimmie Durham, Fernanda Gomes , Estefanía Landesmann, Lynn Hershman Leeson, Mariana López, Tomás Maglione , Damián Ortega y Dan Perjovschi. ¿Qué aporta el arte en este momento? Es una de las preguntas que surge con fuerza al finalizar el recorrido. Reflexión, compromiso (¿o involucramiento?) en los grandes temas que inciden también en lo cotidiano. Sensibilidad, nuevas interacciones, mientras se transita un tiempo de inquietud y de transformaciones, cuyas consecuencias no terminan de vislumbrarse. En este contexto, el arte ausculta el mundo , asume un rol de guía y ensaya posibilidades de reconstrucción. Nada menos. El orden imposible del mundo Lugar: Fundación Proa, Av. Pedro de Mendoza 1929. Horario: mié. a dom. de 12 a 19. Fecha: hasta el 1 marzo. Entrada: general, $6000. Sobre la firma Arte argentino Arte contemporáneo Fundación Proa