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En medio de la guerra de Milei con Techint, el Gobierno recibió a la UIA y hubo un primer acercamiento
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En medio de la guerra de Milei con Techint, el Gobierno recibió a la UIA y hubo un primer acercamiento

Luego de 72 horas de tuits furiosos y declaraciones de alto calibre, el Gobierno hizo su primer movimiento para tratar de bajarle la espuma a la guerra iniciada por Javier Milei contra el grupo Techint. Con ese espíritu, el secretario de Industria y Comercio, Pablo Lavigne, recibió al titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rapallini, en su oficina de Diagonal Sur.

El encuentro estaba previsto desde hace un mes. La idea era que hubiera dos reuniones en las primeras semanas de febrero, una con Lavigne y otra con Luis Caputo. Los dos funcionarios las habían acordado en la reunión que tuvieron con la UIA el 16 de diciembre. Pero el conflicto incendiario que estalló el domingo pasado apuró los tiempos. "Fue una reunión positiva, tocamos todos los temas", dijeron cerca de Rapallini.

Milei acusó en las últimas horas a Rocca de intentar desestabilizar al Gobierno, y le advirtió que, si su empresa quería hacer "negocios turbios" con el Estado por ofrecer productos más caros, "deben desaparecer e ir a la quiebra". Así, apuntó contra los intentos del grupo por proveer de tubos al gasoducto de 500 kilómetros de Vaca Muerta, una licitación que terminó perdiendo a manos de la firma india Welspun.

En medio de esas tensiones, el funcionario repasó con Rappalini la "problemática industrial". Desde el reclamo de financiamiento para las pyme ante la caída del consumo, rebajas tributarias y el freno al contrabando y la subfacturación de importaciones hasta los casos de dumping que vienen impulsado algunas empresas para neutralizar la "competencia desleal" de países, como China.

Respecto a la agenda tributaria, la central fabril busca avanzar en la reducción de los derechos de exportación a las manufacturas industriales, reintegros a las exportaciones, devolución de impuestos y la reducción de costos no salariales, adicional a la disminución del 3% de las cargas sociales de la reforma laboral. "Se está trabajando en una rebaja de las contribuciones patronales a cuenta del IVA", confirmó Rappalini.

La idea es avanzar por ese camino, por fuera del proyecto de modernización laboral que se tratará en febrero en el Congreso. El equipo de Caputo se comprometió a estudiar el "costo fiscal" de las posibles concesiones. Si bien el 2025 cerró con un superávit primario del 1,4% del PBI a fuerza de un duro ajuste, la recaudación cayó un 7% anual real y la reforma laboral recortaría casi 1 punto adicional de los ingresos.

La cúpula fabril espera con ansias la votación de la iniciativa que flexibiliza las condiciones de trabajo, habilita la extensión de la jornada laboral hasta 12 horas sin pago de extras, restringe el derecho de huelga y reduce las indemnizaciones por despido. Esas parecen ser por ahora las "zanahorias" para contener el descontento creciente en las pymes industriales, la base mayoritaria de la UIA.

Los industriales, no obstante, insisten en otras medidas para frenar la pérdida de más de 21.000 empleos en la industria. En esa línea, Lavigne proyectó un crecimiento de la actividad del 4% en 2026 y aparentemente se mostró dispuesto a evaluar propuestas para atender la crisis de consumo en el rubro textil, indumentaria, construcción y metalurgia. El próximo paso es la reunión con Caputo.

Rappalini apeló a su optimismo característico para encausar el vínculo con Lavigne, en medio del clima de estupefacción que vivieron los industriales en los últimos días. El embajador de Techint en la central fabril, David Uriburu, no podía creer el martes cuando durante la reunión de comité ejecutivo vio desde su celular el tuit de Milei refiriéndose a su jefe como "Don Chatarrín de los tubitos caros".

La cumbre fabril se sumergió en un debate extendido. Se habló de que la apertura "va a tocar a todos" y se respiró incomodidad por las dudas sobre cómo lidiar con un gobierno, que parece arrinconarlos cada vez más. "Es tierra arrasada", dijo el textil Claudio Dresher. "Bueno, pero no digamos nada como UIA", deslizaron los emisarios de Rocca. Y así fue: no hubo comunicado sobre el tema.

El hecho de que la mesa chica se haya reunido en una época en la que los dirigentes suelen tomarse vacaciones marcó la tónica del encuentro y de los que se van a suceder en diferentes provincias. Estuvieron presentes Rodrigo Pérez Graziano (Automotrices), Claudio Drajes (Laboratorios), Silvio Zurzolo (Industriales bonaerenses) y Walter Andreozzi (Metalúrgicos de Rosario), entre otros.

Dresher tuvo que disculparse por escaparse de apuro: se enteró que México subió los aranceles a la indumentaria, en una semana con 400 despidos en tres provincias, gatillados por importaciones textiles. Una postal que refuerza entre los fabriles más golpeados, incluyendo los de mayor espalda, la sensación de que Argentina se abre mientras el mundo se cierra.

SN