Los datos muestran que cerca del 67% de los consumidores en Perú destina más de S/50 mensuales a medicamentos no cubiertos por seguros de salud, lo que refleja una mayor presión económica y la búsqueda de estrategias para optimizar el gasto de bolsillo.
Estas alternativas pueden incluir compras a través de delivery, adquisición de medicamentos por terceros, acceso a fármacos del MINSA o el uso de diferentes farmacias, y no necesariamente suponen “asegurarse con la farmacia de la esquina”.
Este comportamiento resulta aún más relevante al considerar que una parte significativa de los consumidores afronta gastos directos mensuales en medicamentos que no están cubiertos por seguros de salud, lo que acentúa la importancia de encontrar opciones asequibles.
En un contexto donde el 80% de los peruanos elige la farmacia por cercanía y la mayoría tiene una a menos de diez minutos de su casa o trabajo, la gestión eficiente de inventarios se vuelve crítica para la competitividad del sector.
La digitalización está en aumento, con un 25% de los consumidores latinoamericanos comprando medicamentos en línea de manera frecuente. En Perú, aunque el avance digital es más gradual, las plataformas online comienzan a ganar terreno.
Sin embargo, la presencialidad y la cercanía física siguen siendo determinantes, por lo que las cadenas que mejor integran la experiencia física y digital logran consolidar su liderazgo, de acuerdo con McKinsey.
El informe destaca un cambio de paradigma: las farmacias no solo son puntos de venta de medicamentos, sino que comienzan a posicionarse como centros de salud de primer contacto. Más de la mitad de los consumidores en la región muestran interés en servicios de baja complejidad.
En Perú, uno de cada cuatro consumidores (25%) estaría dispuesto a pagar más de S/60 mensuales por planes de medicina preventiva ofrecidos por farmacias. Este hallazgo, independiente de la cobertura de seguros, está vinculado a nuevas oportunidades de servicios como aplicación de inyectables, chequeos básicos o asesoría nutricional, y no implica necesariamente un reemplazo del seguro tradicional.
De esta manera, la farmacia del barrio podría convertirse en el principal espacio de prevención y bienestar, adaptándose al consumidor peruano que exige ahorro, disponibilidad, cercanía y nuevas soluciones de salud.