La decisión ministerial pone fin a una serie que destacó a Villeurbanne en 2022 y a Montbéliard en 2024. La cancelación implica que ninguna ciudad recibirá este título en 2026 ni hay garantías para años posteriores, lo que sitúa el proyecto en un estado indefinido y refuerza la percepción de que el sello quedó relegado a un segundo plano. En palabras de la prensa francesa, el distintivo subsiste “en el placard”, sin perspectivas de reactivación cercana.
Sin embargo, estos posibles inconvenientes ya eran conocidos desde el anuncio inicial del distintivo en 2018 por la exministra Françoise Nyssen y la publicación del decreto en 2020 por Roselyne Bachelot. De acuerdo con el análisis de Le Journal des Arts, los motivos de la suspensión están vinculados, en realidad, al bajo impacto obtenido en Villeurbanne y Montbéliard, ciudades que, pese a los esfuerzos, no lograron dotar al programa de proyección nacional ni internacional.
El objetivo central del programa era distinguir la política cultural de ciudades que promueven la creación artística, la valorización del patrimonio y la participación ciudadana en la vida cultural. Por primera vez, se consideró la implicación activa de los habitantes, quienes debían pasar de simples espectadores a protagonistas en la programación. En este sentido, Villeurbanne destacó por enfocar su edición en la juventud, buscando involucrar a los jóvenes como actores centrales de las actividades culturales.
No obstante, el programa exigía también visibilidad y capacidad de proyección nacional e internacional. Este era un criterio difícil de cumplir con una programación basada en eventos locales de pequeño formato, poco atractivos para turistas en comparación con festivales reconocidos en Avignon o Nantes. Villeurbanne y especialmente Montbéliard optaron por aumentar la cantidad de actividades pequeñas en vez de apostar por proyectos emblemáticos de mayor alcance. Esto redujo la capacidad del programa para atraer la atención fuera del ámbito local y dificultó construir un relato distintivo.
Además, el financiamiento estatal, limitado a €1 millón, resultó insuficiente para sostener iniciativas de gran escala frente a la competencia de festivales históricos en Francia. La prensa local calificó el programa como una “usina de obstáculos”, donde la combinación de exigencias altas y recursos limitados terminó vaciando de contenido la propuesta. La participación activa de los habitantes, exigida por el pliego, chocó con la falta de medios para transformar la vida cultural de las ciudades seleccionadas.
La suspensión del distintivo afecta también la posible edición de 2028, ya que suprimir la periodicidad bienal elimina cualquier certeza respecto a futuras designaciones. Así, la iniciativa queda en suspenso, sin un horizonte definido, hecho que Le Journal des Arts interpreta como una virtual desaparición. El Ministerio mantiene formalmente la existencia del programa, pero la ausencia de convocatoria y la eliminación de su ritmo regular lo relegan a la inactividad.
La acumulación de criterios contradictorios, junto a la falta de recursos adecuados, terminó por vaciar de contenido una propuesta inicialmente innovadora, evidenciando los límites de la política cultural cuando carece de estructura y medios efectivos para desarrollar sus objetivos, afirman medios locales.
En la prensa francesa, la desaparición del distintivo es vista como la crónica de una transformación frustrada. El debate sobre la identidad cultural y la participación ciudadana permanece abierto, mientras las ciudades medianas y pequeñas de Francia buscan nuevas formas de revitalizar su vida artística sin apoyos estructurales claros.