Viajar en avión implica atravesar tres momentos clave que suelen generar mayor tensión entre los pasajeros: el despegue, el aterrizaje y las turbulencias. Pese a que se trata de fenómenos habituales y previstos por la aviación comercial, un reciente informe hizo hincapié en cuáles son las rutas donde esas sacudidas se sienten con mayor intensidad.
Por qué Santiago-Mendoza encabeza el ranking
El estudio le asignó a este vuelo un índice de turbulencia de 22,9 sobre 100, el más alto del relevamiento. La explicación está en una combinación de factores que confluyen en esa región: vientos intensos, variaciones térmicas, cambios de presión y la proximidad inmediata de la cordillera de los Andes.
La presencia del macizo montañoso genera corrientes de aire irregulares y movimientos verticales que suelen sentirse con fuerza dentro de la cabina. A esto se suma el contraste entre masas de aire frío y caliente, que potencia la inestabilidad.
Aunque el dato puede sorprender a los pasajeros, se trata de una ruta bien conocida por pilotos y aerolíneas, que operan con procedimientos específicos para este tipo de trayectos. Las turbulencias, si bien pueden resultar incómodas, no representan un riesgo para la seguridad del vuelo, ya que los aviones y las tripulaciones están preparados para afrontarlas.