La obra, recubierta con oro de 23,75 quilates, se ha convertido en el último episodio de una serie de iniciativas simbólicas impulsadas o alentadas por el entorno del mandatario.
El escultor Alan Cottrill, radicado en Ohio, aseguró que no entregará la pieza hasta recibir más de 90.000 dólares adeudados por los comitentes: un grupo de 16 magnates del mundo cripto, que utilizaron la estatua para promocionar un memecoin de carácter especulativo denominado $PATRIOT.
La figura muestra a Trump con el puño en alto, en alusión al gesto posterior al intento de atentado sufrido durante la campaña en Butler, Pensilvania. Inicialmente realizada en bronce, la obra fue modificada a pedido de los comitentes con una capa de pan de oro, lo que incrementó su valor y su carga simbólica.
Mientras la estatua sigue retenida, el pedestal ya fue instalado en Doral gracias a la intervención del pastor Mark Burns, aliado del presidente, quien afirmó que Trump estaría dispuesto a participar de la inauguración oficial cuando se resuelva la disputa.
En paralelo, la Casa Blanca respaldó el proyecto para realizar una carrera callejera de la categoría IndyCar en el corazón de Washington, una iniciativa inédita que busca convertir la capital estadounidense en escenario de un evento deportivo global, pero que también fue leída por críticos como otro gesto de espectacularización del poder presidencial.
A estos planes se suma la intención de instalar una estatua de Cristóbal Colón en las inmediaciones de la Casa Blanca y de avanzar con ambiciosas remodelaciones del complejo presidencial, proyectos que reavivaron el debate sobre la preservación histórica y el uso político de los símbolos nacionales.
Por ahora, la estatua dorada permanece inmóvil en una fundición del Medio Oeste, convertida en símbolo no solo de la exaltación personal del mandatario, sino también de las tensiones entre poder, dinero y espectáculo que atraviesan su presidencia. (ANSA).