Científicos suecos lograron, por primera vez, extraer y analizar ARN, un tipo crucial de material genético que revela la actividad celular, de un tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus), especie extinta en el siglo XX. Este hito, liderado por el investigador Marc R. Friedländer de la Universidad de Estocolmo y publicado en la revista Genome Research, permite ir más allá de la mera secuenciación del ADN para comprender cómo funcionaban los tejidos de este singular marsupial depredador.
Hasta ahora, la paleogenómica, una disciplina dedicada al análisis de ADN antiguo, había proporcionado valiosa información sobre la evolución, la dinámica poblacional y la ecología de especies desaparecidas. Sin embargo, el ADN ofrece una “instantánea” estática del genoma, la cual sirve para detallar qué genes existen. El ARN, por el contrario, es una molécula mucho más frágil y compleja que indica qué genes estaban activos en un tejido específico y en un momento dado, lo que proporciona una visión dinámica y funcional de la biología de un organismo. La comunidad científica pensaba que el ARN no podía conservarse viable durante tanto tiempo fuera de un organismo vivo, lo que hace de este descubrimiento una verdadera revolución en la paleotranscriptómica.
El análisis de los tejidos reveló información funcional asombrosa, ya que en el tejido muscular se identificaron señales intensas de genes relacionados con la contracción y el uso de energía, como los asociados a fibras musculares lentas. Específicamente, se detectaron abundantes transcripciones de titina (TTN) y actina (ACTA), además de miosina (MYH7) y troponinas (TNNI1, TNNI2), componentes clave del sarcómero. Este perfil es congruente con la localización anatómica de la muestra, tomada cerca de la escápula. En la piel, el ARN recuperado mostró un claro predominio de genes vinculados a la queratina (KRT14, KRT2, KRT5), una proteína esencial para la protección externa. También se detectaron restos de ARN de hemoglobina, lo que sugiere la presencia de sangre en el momento de la preparación del espécimen.
Adicionalmente, el estudio detectó indicios de antiguos virus de ARN, y si estos resultados se confirman en futuras investigaciones, los museos podrían transformarse en archivos inesperados de la evolución viral, una perspectiva única para comprender el origen y desarrollo de patógenos. Este conocimiento es crucial para anticipar y mitigar futuras pandemias, al trazar la evolución de familias virales relevantes a lo largo del tiempo.
Este avance pionero en la paleotranscriptómica, campo que explora las moléculas de ARN en especímenes históricos, abre una nueva era para la biología. Demuestra que las vastas colecciones de museos de historia natural en todo el mundo contienen un tesoro inexplorado de información genética que podría desentrañar misterios sobre la vida y la extinción. La capacidad de obtener perfiles de expresión génica de especies desaparecidas, que alguna vez se creyó imposible, también plantea nuevas perspectivas para los esfuerzos de desextinción, al proporcionar una comprensión más profunda de la biología funcional de estos animales.
La investigación sugiere que el tiempo de conservación del ARN podría extenderse miles de años, lo que amplifica el potencial de este tipo de estudios y aboga por una nueva era de “paleo-estudios integradores” que cubran genómica, proteómica y transcriptómica.