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En la Argentina, cuatro tipos de cáncer concentran la mayor parte de los nuevos diagnósticos
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En la Argentina, cuatro tipos de cáncer concentran la mayor parte de los nuevos diagnósticos

Detrás de ese número se esconde una realidad más compleja: una parte importante de estos diagnósticos podría prevenirse o detectarse en etapas tempranas, cuando las chances de curación son mucho mayores.

La carga del cáncer en la Argentina

El análisis por tipo tumoral muestra que cuatro cánceres concentran la mayor parte de los nuevos diagnósticos en el país. El cáncer de mama encabeza la lista, con más de 22.000 casos anuales y cerca del 17% del total, seguido por el cáncer colorrectal, que suma casi 16.000 diagnósticos por año y afecta de manera similar a hombres y mujeres. El cáncer de pulmón, con más de 12.000 casos, continúa siendo uno de los principales desafíos por su elevada mortalidad, mientras que el cáncer de próstata, con alrededor de 11.700 diagnósticos anuales, es el más frecuente entre los varones.

Estas cifras ubican a la Argentina en un nivel de incidencia media-alta en comparación con otros países de la región y del mundo. Para Carlos Bas, jefe del Instituto de Oncología del Hospital Alemán, el escenario obliga a mirar más allá del tratamiento. “Si no se profundizan los esfuerzos en prevención, las proyecciones para los próximos años no son alentadoras: la incidencia de cáncer en las Américas podría crecer fuertemente en las próximas décadas, con millones de nuevos casos anuales”, advierte.

Prevención: una oportunidad concreta

Bas insiste en que hablar de cáncer no es hablar solo de enfermedad. “También es hablar de prevención, de controles que salvan vidas y de investigación que cambia destinos”, señala.

Hoy existe evidencia sólida de que una proporción significativa de los tumores puede evitarse con decisiones cotidianas sostenidas en el tiempo. “No fumar ni exponerse al humo ajeno, realizar actividad física de manera regular, sostener una alimentación equilibrada y limitar el consumo de alcohol reduce de forma concreta el riesgo oncológico”, afirma.

En esa línea, Claudio Martin, presidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC), coincide en que el aumento de la incidencia observado en el país se inscribe en una tendencia global, pero advierte que en Argentina preocupa la falta de políticas públicas más agresivas.

Señala que tumores como los de mama, colon y otros gastrointestinales muestran un crecimiento sostenido, mientras que no se observa un descenso claro en cánceres que sí han disminuido en países con campañas más intensas de prevención, como el de cuello uterino o el de pulmón.

Detección temprana, la gran oportunidad

Martin advierte que la falta de estrategias sistemáticas de diagnóstico precoz tiene consecuencias directas. En países donde se implementaron campañas sostenidas, como Estados Unidos o Corea del Sur, la incidencia y la mortalidad por cáncer de pulmón comenzaron a descender, algo que todavía no se observa con claridad en la Argentina. También alerta sobre una tendencia preocupante: el aumento del cáncer colorrectal en personas más jóvenes, asociado al sedentarismo, el exceso de peso y dietas pobres en fibra y vegetales.

Investigación y avances terapéuticos

En paralelo a la prevención y el diagnóstico temprano, la investigación ocupa un lugar central. “Investigar es transformar preguntas en respuestas: desarrollar mejores métodos diagnósticos, tratamientos más efectivos y estrategias de prevención cada vez más precisas. En oncología, investigar es cambiar el pronóstico”, resume Bas.

La nutrición, una deuda pendiente

Dentro del universo de los tratamientos, hay un aspecto clave que aún permanece relegado y que no está vinculado a la falta de acceso a alimentos, sino a los efectos biológicos del propio cáncer y de sus tratamientos: la nutrición. Hasta ocho de cada diez pacientes oncológicos desarrollan algún grado de malnutrición a lo largo del tratamiento, una condición que impacta de manera directa en la tolerancia a las terapias, la calidad de vida y la sobrevida. En muchos casos, incluso, cerca de la mitad de los pacientes llega a la primera consulta oncológica con déficits nutricionales detectables, aun sin haber presentado problemas nutricionales previos.

La evidencia muestra que los pacientes que inician el tratamiento en buen estado nutricional tienen mayores probabilidades de sobrevida, mientras que la malnutrición severa —presente en aproximadamente uno de cada cinco casos— se asocia a un mayor riesgo de complicaciones, internaciones más prolongadas y una menor respuesta clínica.

En ese contexto, Martín Ángel, médico oncólogo, integrante del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Alexander Fleming, advierte que “cuando el estado nutricional se deteriora, el impacto se refleja rápidamente en la respuesta clínica y en la capacidad del paciente para sostener el tratamiento”.

Los efectos adversos de la quimioterapia y de otras terapias oncológicas explican buena parte de este deterioro. Náuseas, vómitos, diarrea, úlceras en la boca, alteraciones del gusto y del olfato o una sensación persistente de saciedad precoz pueden llevar a que muchos pacientes restrinjan su ingesta de alimentos. “En la práctica clínica vemos pacientes que no sienten hambre, a quienes las comidas les caen mal o les generan rechazo, y esa situación sostenida en el tiempo termina impactando en la salud general del paciente”, describe Ángel.

Desde el abordaje nutricional, Agustina Senese, licenciada en nutrición y jefa de Cuidados Paliativos del Hospital Dr. Cosme Argerich, subraya que el estado nutricional no debería quedar en un segundo plano dentro del tratamiento oncológico. “Es un determinante clave para atravesar la enfermedad, pero muchas veces pasa inadvertido, con consecuencias concretas sobre la salud y la calidad de vida de los pacientes”, señala.

Integrar la evaluación nutricional desde el inicio del abordaje oncológico y sumar nutricionistas al equipo de salud permite tomar medidas tempranas para asegurar un adecuado estado nutricional, reducir la fragilidad, preservar la autonomía y acompañar de manera más eficaz todo el proceso, antes, durante y después del tratamiento, con impacto directo en la evolución clínica y la sobrevida.

Un llamado que trasciende cifras

Ante síntomas persistentes, cambios corporales inexplicables o señales de alarma, Bas insiste en que la consulta médica oportuna sigue siendo una de las herramientas más poderosas de la medicina moderna. Y plantea que el combate contra el cáncer en la Argentina requiere un enfoque integral, que combine políticas públicas de prevención, acceso equitativo al tamizaje, diagnóstico y tratamiento, junto con iniciativas comunitarias que promuevan estilos de vida saludables.

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