El agua, cálida y calma, llega hasta la arena blanca sin olas, con destellos color turquesa cuando la atraviesa el sol del verano. Podría ser una postal del Caribe, pero estamos muy lejos del trópico, en el paralelo 42 sur y a apenas 10 kilómetros de la cordillera de los Andes.
El Desemboque, un páramo frente al Lago Puelo abrazado por los cerros Derrumbe y Currumahuida, es una de las playas escondidas de El Hoyo, al norte de Chubut. Esta pequeña localidad de Chubut comenzó el año como otras de la región, atravesada por los trágicos incendios de sus bosques.
Ahora, controlado el fuego, recupera poco a poco el ritmo de su temporada estival. Y sus habitantes, cálidos anfitriones, celebran cada visitante que llega para disfrutar de estos paisajes tan deslumbrantes como poco explorados.
“El lugar se llama así porque aquí desemboca el río Epuyén, que es el que trae agua desde el lago del mismo nombre y se va calentando en el trayecto, por eso su temperatura es un poco más alta. El color particular no es más que el reflejo del verde del entorno”, explica la guía local Zulma Crespo.
Parte de esa flora circundante ha sido preservada durante años por la familia Solari, asentada en el lugar en 1932 y que ya va por la quinta generación. Hoy los Solari no sólo viven y cultivan campos a la vera del lago, también cuidan de un parque natural privado (aunque abierto al público), llevan adelante un camping con proveeduría y cabañas y ofrecen paseos en lancha, excursiones de pesca, trekking y cabalgatas.
Un poco más conocidas, las playas de Puerto Patriada, sobre la costa norte del Lago Epuyén -un espejo azul intenso y cristalino-, conforman otra de las postales típicas de la zona y son una de las opciones favoritas de los aficionados al kayak y el stand up paddle.
Oasis silencioso y desolado en invierno, en enero y febrero se puebla de turistas de todo el país, que llegan por un camino de ripio de unos 10 kilómetros conectado con la Ruta Nacional 40, columna vertebral de la región.
Todo el paraje forma parte de una reserva forestal para preservar las especies nativas del bosque andino, área protegida de la provincia. El ingreso al balneario no tiene costo, pero hay un bono solidario "a voluntad" destinado a cubrir gastos de mantenimiento, a cargo de la municipalidad.
Muchos visitantes eligen hospedarse en alguna de las cabañas o dormis con vista al lago, rodeadas de bosques de cipreses, coihues y ñires, entre otras especies. Hay varios campings muy bien equipados para pasar el día ($ 10.000), con sectores específicos donde, con altos controles, se puede armar fogones.
Puerto Patriada es también el punto de partida para los aventureros que desean explorar caminando otros tesoros naturales aledaños. Llegar al punto máximo del mirador de la Laguna Los Alerces, a 756 metros, lleva alrededor de tres horas. El trayecto ofrece deslumbrantes vistas panorámicas de cerros esculpidos por el hielo y puntos de descanso.
Otro recorrido muy popular entre los amantes del trekking es el de la Cascada Corbata Blanca, un salto de agua de 80 metros que se puede observar después de subir por un sendero durante una hora.
Es un recorrido de dificultad media, pero, en días calurosos, llegar al final es un pequeño premio: el estallido del torrente que cae con toda su fuerza envuelve al caminante con su bruma y su frescura.
Y hay más. Porque un paseo por esta parte del país no estaría completo sin asomarse al maravilloso Parque Nacional Lago Puelo, al que se accede desde el puerto en la localidad vecina del mismo nombre. Hay un sinfín de actividades para conocer su impactante riqueza nativa, desde atravesar a pie la exuberante selva valdiviana hasta escalar sus cerros o navegar y hacer trekking hasta el hito en el límite con Chile.
Un festival de sabores y un laberinto único
La geografía particular de El Hoyo, un valle profundo y de baja altitud rodeado de montañas, es la que le posibilitó desarrollar el producto que más enorgullece a los lugareños: la llamada fruta fina, entre la que se destaca la frambuesa y la mora. Las condiciones climáticas más templadas que en el resto de la Patagonia -por las barreras a los vientos y las heladas- resultan ideales para este cultivo, delicado y exquisito.
En las numerosas chacras no sólo se puede probar y cosechar la fruta directamente desde la planta, también se consiguen jugos, mermeladas y pastelería caseras, entre otros derivados.
Y si hablamos de pastelería, la última estrella local es el alfajor campeón del mundo, elaborado en El Hoyo y ganador de la edición 2025 del certamen internacional que se realiza anualmente en Buenos Aires. Con tapas de harina de nuez y dulce de leche, y recubierto con chocolate blanco, es una creación de Almendra Guillier, emprendedora local cuya Chacra Los Retamos se puede visitar para disfrutar de un recorrido por la finca, un café y delicias artesanales.
Antes de despedirse, dos curiosidades: El Hoyo cuenta con uno de los laberintos más grandes de América. Fue construido con setos de cipreses en un predio de 8.500 metros cuadrados y mide 76 metros de ancho por 112 de largo. Desde la entrada se llega al centro, donde hay 9 caminos posibles, pero sólo uno es el correcto para salir.
La visita suele ser una actividad familiar que finaliza con una rica comida en el restaurante del lugar, donde, además, se sirve la única sidra de hielo del continente, una absoluta rareza gourmet que se elabora con manzanas congeladas naturalmente. Porque sí, en este rincón de la Patagonia, siempre hay espacio para seguir sorprendiendo.
Cómo llegar a El Hoyo
El Hoyo queda a 144 kilómetros de la ciudad de Bariloche, a 140 de Esquel y a 12 de El Bolsón. Desde cualquiera de esos puntos se puede llegar en micro o en auto a través de la ruta Nacional N° 40.
Tanto el aeropuerto de San Carlos de Bariloche como el de Esquel tienen vuelos diarios a Buenos Aires.