Edicion Argentina AR · 15 Mar 2026
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Jorge Manilla, un joyero rebelde
cultura

Jorge Manilla, un joyero rebelde

El porte saturado bruno, los lóbulos amplios por el expansor en cada oreja, las manos de metal y tierra, de soldadura y pulido, “herramienta de herramientas”, como él mismo se refiere a ellas. Es la primera visita oficial del joyero mexicano Jorge Manilla a Córdoba para hacer el seguimiento a uno de sus grupos de estudio. También dicta un taller de fundición en tierra en el espacio Auroom, además de un curso de posgrado y una conferencia en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional. Días después, dialoga con Ñ sobre su experiencia, la joyería, el arte y la educación.

Es profesor titular en el departamento de metales y joyería artística en la Academia Nacional de Artes en Oslo, Noruega. Estudió en México, luego migró a Bélgica, se formó en joyería y escultura. Hace poco, se doctoró en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes. Entre ambos continentes, su práctica tiene gran desarrollo en Latinoamérica.

“La joyería es algo que viene de tradición, en mi familia soy 5ta generación. Pero, a la vez, no aprendí de ellos más que observando. La gané por derecho propio porque mi papá nunca me enseñó nada. Me rehusaba un poco de una forma muy orgánica, un poco inesperada, entré. Lidié mucho con las cuestiones de la joyería clásica que tuve que aprender. Pero fui muy rebelde y curioso buscando una expresión. La cuestión estética, de lo que siempre representó la joyería clásica, era un aspecto. Pero pensaba qué pasaría si, por ejemplo, a estas técnicas las utilizara de otra manera. Si un diamante, que viene de un carbón, y se vuelve un diamante en bruto y después se refina, qué pasa si no llego hasta ese paso refinado que es donde todo se vuelve muy similar”.

Su joyería es oscura, en las formas y en el negro predilecto, en materiales ligados a la lobreguez, del cuerpo y de la identidad. En la respuesta material al imperativo de la alegría, como el anillo de plata “What If It Never Gets Better?” (Qué pasa si nunca mejora), que forma parte de una serie de anillos que simbolizan las diferentes etapas de una relación. La muerte, en su densidad profunda, en su descarnada evidencia, aparece en las obras, en un fuerte vínculo con sus raíces latinas, su ser mexicano, que señala el mismo Manilla, migrante de décadas.

Sobre lo propio de una joya, lo que la diferencia de una escultura, afirma: “Me interesa muchísimo cómo poner en contexto, sobre todo el pensamiento, enfocado a la filosofía, pero también una parte etnológica o arqueológica. Por qué vivimos donde vivimos, qué nos influye, cómo nos impacta, cuánto tiene que ver con una cuestión familiar o social, qué es lo que nos da valores. Y eso, para mí, aplicó perfecto en la joyería, pensar qué es una joya o qué necesita una joya para ser joya, que es lo que estoy desarrollando como lenguaje y cómo eso funciona en mí. Entonces, junto con la formación escultórica, el pensamiento se fue expandiendo, pero son dos lenguajes diferentes.

"La escultura tiene ciertos aspectos, la joya también. Y lo propio, en cada caso, es aprender cómo aplicamos el pensamiento. El proceso como tal, es muy diferente. Porque entonces siempre vas a tener una opción en la joyería que es, por ejemplo, si vas a encontrar un frente o un detrás. O si defines un anillo, un anillo va a tener siempre la limitante de que va alrededor del dedo o de una mano o tiene… hasta dónde un anillo puede dejar de ser un anillo, pero el pensamiento es diferente, qué relación tiene con el cuerpo. Cómo hacemos las cosas en joyería implica completamente otra problemática”.

Afirma tener una vida muy fragmentada, entre haber crecido en México, pero haber pasado la mayor parte de ella en Europa. Entre el infranqueable y flexible matiz que añade la migración a la identidad. Entre el extraño interés por la vida, su fuerza y sus dimensiones, a partir de lo más crudo, de lo más explícito del cuerpo y de su muerte. Una fuerza que, por voraz, podría consumirlo todo, como en el amor, como en la figura de Cristo plástica desfigurada en su serie de anillos “Canibalismo”. Autofágica, sugerente, el dolor del cuerpo en sacrificio.

“Mi trabajo es como un diálogo constante, como una lucha entre preguntas y respuestas. Mientras más preguntas genere por sí misma, ya se ven objetos muy pesados, a veces hasta agresivos, oscuros, oxidados, densos, hay pocas transparencias, hay pocas luces. Eso responde a estados mentales o emocionales, no solamente míos. Pensando en retrospectiva, encontré conexiones en mi trabajo, como una evolución constante del pensamiento, siempre expresado de una manera diferente por medio de ciertos materiales”.