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¿Podés curvar la lengua en “U” o hacer el “trébol”? Lo que la psicología cree que revela ese gesto
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¿Podés curvar la lengua en “U” o hacer el “trébol”? Lo que la psicología cree que revela ese gesto

La lengua es un músculo altamente flexible y coordinado. Sin embargo, no todas las personas pueden realizar movimientos complejos con ella. Algunas logran doblarla con facilidad; otras no pueden siquiera intentarlo. Esa diferencia, lejos de ser anecdótica, abrió interrogantes en la psicología que estudian el vínculo entre habilidades físicas y funcionamiento mental.

Especialistas en psicología del desarrollo señalan que la capacidad de ejecutar gestos finos y poco habituales con la lengua podría relacionarse con ciertos rasgos cognitivos. No se trata de una medida de inteligencia ni de un test de personalidad, pero sí de una posible pista sobre cómo interactúan cuerpo y mente.

En ese cruce aparece una hipótesis sobre la destreza muscular necesaria para curvar la lengua, ya que podría reflejar mayores niveles de coordinación neuromotora y neuroplasticidad. Es decir, una mayor capacidad del cerebro para adaptarse, reorganizarse y aprender nuevas habilidades.

Curvar la lengua y el “trébol”: qué observa la psicología

Algunas investigaciones sugieren que quienes pueden formar un “trébol” —una figura más compleja que la clásica “U”— tienden a mostrar mayor facilidad en tareas que requieren improvisación o pensamiento flexible.

En cambio, la curva simple suele asociarse a perfiles más analíticos o reflexivos, aunque estos vínculos aún están en estudio.

La explicación se basa en la plasticidad cerebral ya que para ejecutar movimientos musculares poco habituales, el cerebro debe crear conexiones neuronales específicas. Algunos especialistas señalan que ese tipo de redes podría relacionarse con una mayor flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de cambiar de estrategia o adaptar la conducta cuando un problema lo requiere.

De todos modos, los expertos advierten que no hay determinismos. Poder o no poder hacer el gesto no define la personalidad ni predice el rendimiento académico. La genética influye en la estructura muscular y en la movilidad de la lengua, pero el entorno también juega un papel importante.

Factores ambientales, como ejercicios de coordinación en la infancia, estimulación temprana o prácticas que involucren control fino de los músculos faciales, pueden favorecer estas habilidades. Esto refuerza la idea de que el desarrollo humano es el resultado de la interacción entre herencia y experiencia.

Algunos equipos plantean que, en el futuro, este tipo de habilidades podría utilizarse como indicador complementario en evaluaciones del desarrollo infantil. No como diagnóstico en sí mismo, sino como una señal más dentro de un conjunto de variables.

El interés científico no radica en clasificar a las personas, sino en entender mejor cómo se integran los sistemas motores y cognitivos. La lengua, por su precisión y sensibilidad, ofrece un campo de observación accesible y poco invasivo.

En definitiva, poder curvar la lengua en “U” o formar un “trébol” no convierte a nadie en más creativo ni más inteligente. Pero para la psicología encuentra una nueva vía para explorar la conexión entre biología y comportamiento.