La ilusión de una madre por la comida del primer cumpleaños de su hijo se fue abajo cuando descubrió que el cordero que había comprado por internet en realidad era otro animal. Al abrir el paquete, no lo pudo creer. Pasó en Uruguay, Montevideo, y terminó en denuncia policial.
Gabriela relató que compró por redes sociales un supuesto cordero de más de 12 kilos, pero al recibir el pedido sospechó de inmediato que se trataba de otro animal, posiblemente un perro.
En diálogo con Subrayado, la mujer contó que pagó $2633 pesos uruguayos (casi 100 mil pesos argentinos) por la pieza que había encontrado a través de publicaciones en redes. La operación, explicó, se hizo con vendedores que no cuentan con un local físico y que únicamente aceptan efectivo.
La sospecha: “Parecen brazos de persona”
Gabriela describió que el aspecto del animal no coincidía con lo que esperaba para cocinar. “Parecen brazos de persona”, afirmó. A partir de esa impresión, sostuvo que empezó a creer que se trataba de un perro.
Con la sospecha instalada, decidió contactar a los vendedores y plantearles que el producto no correspondía a un cordero.
Les advirtió que tenía una grabación del momento en el que le entregaron el pedido y les insistió en que se trataba de otro animal.
La respuesta, de acuerdo con su versión, fue tan llamativa como el episodio: le dijeron que pasarían a buscarlo días después y le sugirieron que lo guardara en el freezer hasta entonces. Para Gabriela, esa indicación reforzó la sensación de que algo irregular se estaba intentando encubrir.
Organismos al tanto y prueba de ADN
El caso escaló y ya involucra a varias instituciones. El Instituto Nacional de Carnes (INAC), el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA) y la Intendencia de Montevideo (IM) están al tanto de la situación y le realizaron un ADN al animal para determinar con precisión de qué especie se trata.
Gabriela también afirmó que un veterinario que analizó el cuerpo le indicó que no se trataba de un cordero y que encontró similitudes con el cadáver de un perro. Con ese respaldo, la mujer hizo la denuncia ante la Policía.
Mientras se aguardan los resultados del análisis genético, el episodio reabre una polémica sensible: la compra de alimentos por redes sociales, sin controles claros y fuera de circuitos habilitados, puede derivar en fraudes, riesgos sanitarios y delitos difíciles de rastrear. En este caso, una celebración familiar quedó en pausa a la espera de una respuesta científica que confirme la sospecha más inquietante.