El hormigón es el material de construcción más utilizado del mundo. Puentes, túneles, represas y edificios dependen de su resistencia estructural. Ante ello, y para evitar posibles grietas a futuro, se creó un nuevo material con microorganismos que logra repararlas de forma autónoma.
Las fisuras en el hormigón son inevitables, y además se producen por tensiones internas, cambios de temperatura y exposición constante al agua. Aunque muchas comienzan como microgrietas invisibles, con el tiempo pueden comprometer la durabilidad de la estructura.
Grietas que se cierran solas: así funciona el nuevo material con microorganismos que repara el hormigón
Frente a ese problema estructural, investigadores en ingeniería civil comenzaron a desarrollar lo que hoy se conoce como hormigón autorreparable o bio-concreto. La innovación integra bacterias capaces de sellar fisuras cuando detectan humedad.
El desarrollo comenzó a tomar forma a mediados de la década de 2000 y tuvo impulso clave en la Universidad Técnica de Delft, en los Países Bajos. Desde entonces, la combinación entre biotecnología e infraestructura abrió una nueva línea en materiales inteligentes.
El funcionamiento del hormigón con microorganismos se basa en la incorporación de esporas bacterianas durante el proceso de mezcla. Se utilizan bacterias del género Bacillus, seleccionadas por su capacidad de sobrevivir en ambientes altamente alcalinos.
Estas bacterias permanecen inactivas dentro del material seco durante años y solo se activan cuando el agua penetra a través de una fisura. Además, al entrar en contacto con la humedad, comienzan a metabolizar lactato de calcio, también incorporado en la mezcla.
Ese mineral rellena la grieta y sella la filtración, y ante ello el proceso detiene el avance del daño y protege la armadura de acero interna contra la corrosión.
Qué beneficios ofrece el hormigón autorreparable en infraestructura
El principal beneficio del bio-concreto es la reducción del mantenimiento estructural. Las microfisuras suelen ser el punto de ingreso de agua y agentes corrosivos.
Al sellarlas en etapas tempranas, se evita que evolucionen hacia daños mayores. Esto resulta especialmente relevante en túneles, presas, canales hidráulicos y estacionamientos subterráneos.
En infraestructuras con presencia constante de agua, la activación bacteriana es inmediata, lo que mejora la capacidad de respuesta ante fisuras.
Aunque el costo inicial del hormigón autorreparable es superior al convencional, los estudios indican que el ahorro en mantenimiento puede compensar esa diferencia a largo plazo.
Desafíos técnicos y estado actual del desarrollo
El hormigón con bacterias aún enfrenta desafíos antes de su implementación masiva. Uno de ellos es el costo de producción, que aumenta debido al encapsulado de esporas y nutrientes.
También se evalúa el comportamiento del material en climas extremos, zonas costeras con alta salinidad y estructuras sometidas a cargas constantes.
Las normativas de construcción en muchos países todavía no contemplan materiales con componentes biológicos activos, lo que ralentiza su adopción. Sin embargo, los ensayos de laboratorio y proyectos piloto muestran resultados consistentes en el sellado de fisuras de hasta algunos milímetros de ancho.