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Flores azules sobre muros blancos: la historia de la mujer que convirtió su pueblo en una obra de arte
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Flores azules sobre muros blancos: la historia de la mujer que convirtió su pueblo en una obra de arte

La historia de Anežka Kašpárková: una artista hasta el último aliento

Corría 1967 y a Agnes, que trabajaba como agricultora en el campo de Louka, se le ocurrió una idea para ese entonces irrisoria: decorar el campanario del pueblo, ese que había sido construido en el siglo XVIII como símbolo de la recatolización de República Checa. Es preciso mencionar que en ese período se abandonó el protestantismo. Fue así que la capilla tuvo una torre con una campana en la cima. Con el paso de los siglos se volvió el punto católico de referencia para los habitantes.

Agnes se había enfocado en la capilla porque en el verano los niños tomaban allí su primera comunión y era importante que estuviera presentable. Cada año se le daba una mano de pintura blanca a las paredes externas y fue entonces cuando la malérečka metió mano con sus adornos florales.

El sitioCzechdesign mencionó que la artista recibió el azul ultramar de la señora Maňáková, una vecina. Por aquella época, conseguir ese tono era demasiado costoso, pero se había vuelto parte identitaria de las costumbres locales y además, un tono similar también aparecía como parte de la bandera nacional.

¿Por qué pintar flores?

La checa hacía diseños que recordaban al folclore de Moravia, región sur de su país. Cada año hacía un nuevo patrón, diferente al primero, y llegó a asegurar que ninguna de aquellas flores existía; todas eran producto de su imaginación. Luego del proceso para encalar las paredes, Agnes posaba su pincel y daba paso a que su mano dominara la superficie blanca.

Magia con el pincel

Poco a poco, Agnes revistió cada fachada de su pueblo con las flores azules. No aceptaba recibir un pago, a excepción de la pintura con la que debía llevar a cabo su obra. Ella nunca planeó cómo luciría su próxima creación, simplemente tomaba su pincel y ponía manos a la obra.

En 2018, a los 90 años, Anežka Kašpárková murió. Hasta unos días antes, el pueblo la pudo ver arriba de los andamios. Nunca se cansó de caminar, las ideas creativas siguieron vivas en su mente y su legado de hacer de este un sitio más lindo todavía perdura en aquellos que la recuerdan.

Actualmente, su sobrina Marie Jagošová asumió el trabajo de su tía y cada año pinta la capilla y el campanario, para que los niños reciban su primera comunión llenos de colores.

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