El ayatolá Alí Jamenei cumplió 86 años consolidado como el máximo referente de la teocracia iraní, cargo que ocupa desde 1989. Tras la muerte del fundador de la República Islámica, el ayatola Ruhollah Jomeini, este ex presidente asumió las riendas de un país que hoy enfrenta uno de sus mayores desafíos tras los bombardeos ejecutados por fuerzas estadounidenses e israelíes este sábado.
Su permanencia en el poder no fue lineal ni exenta de conflictos internos. A lo largo de tres décadas y media, Jamenei logró neutralizar las manifestaciones estudiantiles de 1999 y las protestas masivas de 2009, originadas por denuncias de fraude electoral. También sobrevivió políticamente a las revueltas de 2019 y al movimiento "Mujer, Vida, Libertad" entre 2022 y 2023, iniciado tras la muerte de Mahsa Amini.
Desde que Jomeini regresó de Francia en 1979, se estableció el precedente de que el líder máximo no abandona el territorio nacional. El último viaje al exterior que realizó Jamenei fue en 1989, cuando visitó Corea del Norte para entrevistarse con Kim Il Sung en calidad de presidente. Desde entonces, su radio de movimiento se limita estrictamente a las fronteras iraníes y a complejos oficiales protegidos.
Un rasgo físico distintivo de Jamenei era la inmovilidad de su brazo derecho. Esta secuela es producto de un intento de asesinato ocurrido en 1981, un atentado con explosivos durante una conferencia de prensa que las autoridades atribuyeron al grupo Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK). A pesar de los constantes rumores sobre su estado de salud debido a su avanzada edad, en sus últimas presentaciones se mostró estable.
El ascenso de Alí Jamenei tras la purga de disidentes
Antes de llegar a la cima del sistema clerical, Jamenei construyó su base política como líder de la oración del viernes en Teherán y como combatiente en el frente durante la guerra entre Irán e Irak. Su elección como presidente en 1981 se produjo luego de que otro atentado terminara con la vida del entonces mandatario Mohammad Ali Rajai, lo que aceleró su ascenso en la estructura revolucionaria.
Originalmente, el sucesor designado por Jomeini era el ayatola Hossein Montazeri. Sin embargo, el fundador de la revolución cambió de opinión poco antes de morir, después de que Montazeri cuestionara las ejecuciones masivas de prisioneros políticos y miembros del MEK a finales de la década de 1980. Esa ruptura le abrió el camino a Jamenei, quien no pertenecía al círculo de clérigos de mayor rango en ese momento.
A diferencia del presidente, que es un cargo electo pero con facultades limitadas, el líder supremo tiene la última palabra en cuestiones de defensa, seguridad y política exterior. Jamenei convivió con seis presidentes diferentes, incluidos sectores moderados como los de Mohammad Khatami, pero siempre terminó alineándose con las facciones más duras del régimen y los Guardianes de la Revolución.
El entorno familiar y las sanciones externas contra el ayatolá
En el plano personal, se conoce que Jamenei tenía seis hijos, aunque solo uno de ellos alcanzó una relevancia pública notoria. Se trata de Mojtaba Jamenei, quien fue sancionado por Estados Unidos en 2019. Mojtaba es señalado por analistas internacionales como una de las figuras más influyentes en las sombras y un posible aspirante a la sucesión de su padre dentro de la estructura teocrática.
La familia del líder también registra fracturas ideológicas profundas que llegaron al exilio. Su hermana, Badri Jamenei, se distanció del régimen en los años ochenta y huyó a Irak durante la guerra para acompañar a su marido, un clérigo disidente. Algunos de sus hijos, sobrinos del actual líder supremo, residen actualmente en Francia y se convirtieron en críticos activos de la República Islámica.
En los últimos años, la autoridad de Jamenei se vio desafiada por la creciente penetración de la inteligencia israelí en los mandos de seguridad iraníes. Los ataques aéreos que eliminaron a jefes militares clave obligaron al líder a reformular su esquema de protección personal. Pese a estas crisis, su discurso público se mantiene desafiante frente a lo que denomina la agresión externa de las potencias occidentales.
ds