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Reclutados por WhatsApp y US$30 por día: así es el mundo del éxodo de los misioneros que buscan trabajo en Brasil
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Reclutados por WhatsApp y US$30 por día: así es el mundo del éxodo de los misioneros que buscan trabajo en Brasil

ALBA POSSE, Misiones (Enviados especiales).- “Yo tengo una chacra en 25 de Mayo, pero ni la yerba, ni el tabaco dan ingresos suficientes para subsistir, ahora me voy a cortar leña para las calderas de una empresa y me van a pagar 150 reales (30 dólares) por día”, le cuenta Fabián, de 35 años, a LA NACION. Detrás de sus palabras hay un mundo: la historia de decenas de misioneros que, cada vez más, cruzan a Brasil para trabajar en establecimientos rurales por las dificultades en el sector productivo local. Fabián está con Josías (24) y Osmán (40), otros dos hombres de esa localidad fronteriza, en la costa de Porto Mauá, en Brasil. Acaban de cruzar en lancha desde Alba Posse y esperan en una plaza al costado del majestuoso río Uruguay, que corre plácido en una mañana soleada y fresca de fin de febrero. Aguardan a otros en el punto de reunión desde donde luego los buscará un micro o combi que los trasladará al establecimiento que ya los tiene contratados en la zona de Caxias.

El plan de ellos es quedarse 15 días, ganando entre 130 y 150 reales por día (entre 26 y 30 dólares). Y la gran ventaja es que, con el alojamiento y la comida, pueden ahorrar la mayor parte de ese ingreso. El equivalente hasta unos $50.000 “limpios” que se pueden sacar del otro lado de la frontera por día contrastan con los $25.000 diarios que, si consigue una ocupación temporal rural, obtiene el misionero.

“Yo no culpo a Javier Milei; la culpa es del gobierno provincial que nunca hizo nada para mejorar las condiciones del productor”, dice el hombre, y sus compañeros ratifican que piensan igual. Ponen en escena un debate que se generó en torno al éxodo de misioneros que no encuentran trabajo en la Argentina: ¿de quiénes son las responsabilidades?

Éxodo

Ya no solo se van los trabajadores rurales, sino de cualquier rubro, mujeres jóvenes para trabajar en comercios, albañiles argentinos, muy requeridos en Brasil y hasta familias enteras, una vez que el jefe de familia consiguió algo fijo en alguna de las ciudades de Estados como Rio Grande do Sul, Paraná o hasta Mato Grosso do Sul.

El cruce en lancha

“Hubo días que había 600 o hasta 800 personas cruzando, lo cual es muchísimo”, indica Camila de Oliveira, la encargada de vender tickets para cruzar en una lancha con capacidad para ocho pasajeros. El cruce cuesta $3000 y al lado está Alfonso Bauke, un empleado de la Municipalidad de Alba Posse, de 68 años, que cobra una tasa de $2000 en concepto de “uso del puerto”. La Municipalidad encontró así la forma de facturar a partir del boom de los cruces por trabajo a Brasil.

Hay que tener en cuenta que el servicio de lancha se inauguró en octubre pasado a partir de la mayor actividad que generó este fenómeno, hasta entonces solamente se cruzaba en la enorme balsa en la que también se cruzan automóviles, camiones y buses. Y ahí la Municipalidad no cobra ninguna tasa. Alba Posse-Porto Mauá es apenas uno de los pasos fronterizos por donde circula este éxodo. Otros son San Javier-Porto Xavier; Panambí-Veracruz y El Soberbio-Porto Soberbo, a los que se suman los pasos de la frontera seca con especial epicentro en Irigoyen-Dionisio Cerqueira; y Andresito-Capanema.

LA NACION estuvo en Alba Posse bien temprano y cada tanto llegaba un micro y bajaban trabajadores que inmediatamente sacaban su ticket y se dirigían a hacer Migraciones, esperando para pasar sin demoras. Sin embargo, el movimiento -coincidieron todos- no fue tan alto en el final de febrero, como las primeras semanas de enero cuando la cosecha de uva y otros cultivos generó un boom.

“Yo nunca había visto algo así, con tanta gente cruzando para trabajar allá”, dijo Bauke, quien vivió todo tipo de períodos en los siempre cambiantes flujos de personas y mercaderías en la frontera, donde la situación económica de la Argentina y Brasil y el la cuestión cambiaria, fundamentalmente, suelen ser el principal motor.

Cuando este medio cruzó en la lancha, compartió el viaje con Juan Villalba, de 44 años, y su hijo Sergio, de 18. Ambos iban a trabajar para la cosecha en Bento Gonçalves. Hombres reservados y de pocas palabras, como casi todos los trabajadores que llegan con sus bolsos de mano y tardan un rato en entrar en confianza, en este caso al ver una cámara de fotos. La mayoría de los trabajadores van como turistas con los 90 días de rigor para permanecer en Brasil, pero sin ningún otro permiso o credencial. Todos cobran en negro y la práctica es altamente informal.

Los Villalba fueron convocados por Teodoro Bogado, un hombre oriundo de El Soberbio que actúa como “reclutador” para algunos establecimientos brasileños. “Nos piden que tengamos el CPF”, dice, que equivale al CUIT en la Argentina.

López señala que cree que va a trabajar en la cosecha de manzana, pero todavía no lo tiene del todo claro. “En Misiones soy albañil, pero no hay trabajo”, cuenta este hombre padre de un varón de 14 y una niña de 6, que quedarán al cuidado de la madre. “Me pagan 130 reales por día, casa y comida”, explica.

Jorge Weber es un brasileño que está jubilado y sentado en su silla en la costa del río Uruguay: comparte su mirada del fenómeno. “No hay empleo, y cuándo hay, ganan muy poco y no les alcanza”, dice. “En cambio acá les dan café de la mañana, almuerzo y les pagan 130 o 140 reales”, agrega.

Weber cuenta que ve argentinos yendo para toda la región del sur de Brasil: las Sierras de Caxias, Bento Gonçalves, Flores da Cunha, Vacaria. “Y lo que pasa en esta frontera, pasa también en los otros cruces en Misiones”, indica.

Cuando este medio regresó al puerto para volver a la Argentina, esta vez en la balsa, un enorme y moderno bus cargado de turistas de la firma Ouro e Prata asomaba para cruzar a Alba Posse cargado con turistas argentinos que vienen de las playas como Florianópolis o Camboriú, distantes a poco más de 800 kilómetros. “Ahora traigo turistas, pero en general, llevo muchos misioneros que van a trabajar a Santa Rosa y Bento Gonçalves”, dice el chofer, Rogerio.

Un dato que llama la atención es que todas las consultas arrojan la misma cifra en cuanto a las remuneraciones: entre 130 y 150 reales por día y ni un sólo real más. Como si las empresas del agro del vecino país hubieran entendido que el “número mágico” para contratar a un trabajador misionero bien dispuesto fuera el equivalente a 30 dólares por día. Y poniendo un techo automático a la remuneración del argentino en Brasil.

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