El problema es que, a diferencia de otras campañas punitivas, Irán no es un actor pasivo ni un “teatro periférico”. Es un nodo: conecta energía, rutas marítimas, milicias aliadas, guerras latentes y la competencia entre grandes potencias. Por eso, lo ocurrido abre un nuevo foco de tensión mundial que se suma al ya inestable eje Afganistán–Pakistán: un mundo con demasiados frentes activos tiende a perder “gestión” y a ganar “accidente”.
A diferencia de otras campañas, Irán no es un actor pasivo ni un “teatro periférico”
Capacidades y limitaciones. Estados Unidos e Israel llegan con superioridad tecnológica, inteligencia, reabastecimiento, guerra electrónica y capacidad de ataque de precisión a distancia. La combinación de plataformas aéreas, misiles y arquitectura ISR (inteligencia–vigilancia–reconocimiento) permite golpear infraestructura crítica sin ocupar territorio. Pero tienen dos límites estructurales:
1. El límite de la “campaña corta”: si el objetivo real es degradar en profundidad (misiles, mando y control, instalaciones endurecidas), la escalada puede volverse prolongada y políticamente costosa. Chatham House advirtió que las acciones siguieron a una acumulación militar estadounidense en la región y que el escenario inicial ya es de escalada, no de “golpe quirúrgico” aislado.
Irán, por su parte, combina capacidad convencional limitada (frente a EEUU) con una caja de herramientas asimétrica muy amplia: misiles balísticos y drones, cibercapacidades, presión marítima, y red de aliados/“proxies” en distintos teatros. Al analizar escenarios de respuesta, Teherán puede preferir respuestas proporcionales para evitar una guerra total, pero con capacidad de infligir costos significativos mediante ataques a bases, aliados y tráfico marítimo.
Su limitación central no es “tener o no tener” medios: es sostener una escalada bajo castigo aéreo y sanciones, evitando a la vez que el conflicto erosione su estabilidad interna.
• Ataques directos o indirectos contra activos estadounidenses e israelíes en la región. Se reportaron advertencias iraníes sobre considerar “objetivos legítimos” a intereses de EEUU e Israel en Medio Oriente.
• Presión sobre el Golfo (bases, infraestructura energética, puertos).
En paralelo, el episodio erosiona aún más la autoridad práctica de los mecanismos multilaterales: Rusia, por ejemplo, denunció el ataque como “agresión armada” y empujó una agenda en el Consejo de Seguridad.
Teherán puede preferir respuestas proporcionales para evitar una guerra total
Posturas de las potencias. China. Su prioridad es estabilidad energética y previsibilidad comercial. Beijing tenderá a reclamar “desescalada” y solución política, mientras busca proteger sus flujos (energía, rutas) y capitalizar diplomáticamente el desgaste occidental. Pero evitará comprometerse militarmente: su ganancia está en el costo estratégico que paga EEUU por abrir otro frente, no en entrar al combate.
Pero también enfrenta un dilema: demasiada escalada puede generar inestabilidad impredecible en el flanco sur ruso y complicar su propia agenda.
Un mundo con frentes simultáneos. Sumar un conflicto abierto EEUU–Israel–Irán al eje Afganistán–Pakistán implica algo más que “otra guerra”: implica simultaneidad. Y la simultaneidad es el caldo de cultivo del error de cálculo: una represalia que pega donde no debía, un derribo, un ataque a un buque, una base saturada, un actor no estatal que busca escalar por cuenta propia. El sistema internacional se vuelve menos diplomático y más operativo; menos de comunicados y más de misiles.
La Argentina. La pregunta final es incómoda, pero inevitable. Porque si el mundo entra en una fase donde la fuerza vuelve a ser herramienta normalizada, la Argentina no puede seguir discutiendo defensa como si fuera un tema “prescindible”.
Es cierto que hay señales parciales de recomposición, como la incorporación progresiva de F-16 y Vehículos Stryker (con cronogramas de entrega a varios años) que apunta a recuperar una capacidad aérea perdida. Pero la defensa nacional no se arregla con una plataforma: se recompone con sistema (doctrina, personal, mantenimiento, munición, radares, interoperabilidad, ciber, mar, logística, reservas, industria, y conducción política sostenida).
En un mundo donde la coerción vuelve a ocupar el centro, la Argentina —con Malvinas, Atlántico Sur, Antártida y un espacio marítimo gigantesco— no puede darse el lujo de un Instrumento Militar “desarticulado”. No para “ir a la guerra”, sino para que nadie pueda imponerle condiciones por ausencia de disuasión. La defensa, al final, es el seguro estratégico que solo se valora cuando ya es tarde.
*Teniente General (R)