Distintos especialistas del derecho laboral coinciden en que la norma comenzará a ser aplicada en el corto plazo, pero advierten que varios de sus artículos probablemente serán cuestionados en tribunales durante los próximos años. En ese escenario, la reforma podría convivir durante un tiempo prolongado con fallos contradictorios y discusiones constitucionales abiertas.
La judicialización no es un escenario hipotético. Para muchos juristas es casi inevitable. La abogada laboralista Carla Moreno abogada laboralista es miembro del Cuerpo de acción gremial del fuero laboral del Colegio de Abogados, directora de la Secretaría de articulación territorial del Ministerio de cooperativas y mutuales y sostiene que cuando una reforma modifica principios estructurales del derecho del trabajo, el conflicto jurídico se vuelve natural.
“Creo que la judicialización es inevitable. No porque exista una supuesta ‘industria del juicio’, sino porque cuando una reforma altera principios estructurales del derecho del trabajo, el Poder Judicial pasa a ser el ámbito natural de debate”, señaló. Sin embargo, no todos imaginan un escenario de caída total de la norma. Lo más probable, coinciden varios especialistas, es que las discusiones se concentren en artículos específicos.
Puntos conflictivos. Uno de los focos más probables de conflicto está en el sistema de indemnizaciones y en la forma de actualizar los créditos laborales.
El abogado Martín Juárez Ferrer socio del estudio Juárez Ferrer & Sibilla, advierte que el cambio en los intereses judiciales y la posibilidad de pagar indemnizaciones en cuotas son dos aspectos que generarán fuertes discusiones.
Juárez Ferrer también recuerda antecedentes de la Corte Suprema que podrían volver a aparecer en el debate jurídico. Uno de ellos es el fallo Milone de 2004, donde el máximo tribunal invalidó una modalidad de pago de indemnizaciones por considerarla restrictiva para el trabajador.
En la práctica, esto abre la puerta a nuevas impugnaciones constitucionales si se considera que la reforma limita la libertad de cobro o reduce el valor real de los créditos laborales.
Plataformas, vacaciones y nuevas modalidades. La reforma también incorpora regulaciones para trabajadores de plataformas digitales, un terreno donde la jurisprudencia todavía está en construcción. Jaskowsky advierte que este tipo de actividades ya generaron fallos contradictorios en distintos tribunales y que la nueva legislación no necesariamente cerrará el debate.
En muchos casos, explicó, el conflicto girará en torno a si la libertad del trabajador para conectarse o no realmente existe o si en la práctica se trata de una relación de dependencia. Otros puntos novedosos, como el banco de horas o la posibilidad de fraccionar vacaciones, también podrían generar controversias. Sin embargo, algunos juristas creen que esos temas llegarán a la Justicia solo cuando haya rupturas del vínculo laboral. Juárez Ferrer considera que estas cuestiones son más difíciles de judicializar mientras la relación laboral siga vigente.
La discusión sobre la “industria del juicio”. Uno de los ejes políticos del debate sobre la reforma laboral es la idea de reducir la llamada “industria del juicio”. El Gobierno sostiene que el exceso de litigios desalienta la contratación y encarece el empleo formal. Pero no todos los especialistas coinciden con esa mirada.
Moreno cuestiona ese diagnóstico y asegura que la mayoría de los reclamos judiciales surgen después de despidos o incumplimientos. “Nadie judicializa porque sí. Se judicializa cuando hay despido, fraude o incumplimiento”, afirmó. En su visión, si la reforma reduce el costo del despido sin reforzar la estabilidad laboral, el resultado podría ser un aumento de la rotación antes que una reducción de los conflictos judiciales.
Aplicación inmediata vs. debate judicial. Aunque los cuestionamientos legales podrían multiplicarse, varios especialistas coinciden en que la ley empezará a aplicarse de inmediato.
Más allá de las discusiones legales, la reforma impulsada por el Gobierno representa uno de los cambios más profundos en la legislación laboral argentina en décadas. Para el oficialismo, se trata de un paso necesario para modernizar el mercado de trabajo, reducir costos laborales y promover la formalización del empleo. Para sus críticos, en cambio, implica un retroceso en derechos adquiridos y una flexibilización que podría debilitar la posición del trabajador.
Lo que parece seguro es que la sanción de la ley no cerrará el conflicto político ni jurídico. Por el contrario, acaba de abrir una etapa en la que el Congreso, los sindicatos, las empresas y la Justicia volverán a cruzarse en una discusión que probablemente se extenderá durante años. Y en ese proceso, los tribunales terminarán definiendo hasta dónde llega —y hasta dónde no— la reforma laboral que el gobierno de Milei logró convertir en ley.
El rol de la Corte Suprema. La última palabra probablemente llegará desde la Corte Suprema, aunque nadie espera que eso ocurra en el corto plazo. Los antecedentes recientes muestran que incluso reformas laborales previas tardaron años en resolverse en el máximo tribunal. Mientras tanto, es posible que distintos juzgados y cámaras del país emitan fallos divergentes, generando un escenario fragmentado. En ese contexto, la reforma laboral podría atravesar un período prolongado de interpretación judicial antes de consolidarse definitivamente.