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El archipiélago donde las ratas introducidas atacaron a millones de aves marinas
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El archipiélago donde las ratas introducidas atacaron a millones de aves marinas

En el atolónMidway, un santuario natural del Pacífico Norte, ratas introducidas comenzaron a atacar polluelos vivos y desataron una crisis que amenazó a colonias de millones de aves marinas.

El impacto fue tan severo que empujó a una operación de erradicación total, diseñada para eliminar al invasor en todo el territorio y darle a las colonias una oportunidad real de recuperación.

Un refugio único: por qué Midway importa

Midway es un sitio de reproducción esencial para aves marinas, incluidos albatros, cuya reproducción es lenta: suelen poner un solo huevo por temporada y tardan varios años en madurar. Esa biología hace que cada polluelo cuente. Si un año se pierde por depredación, no se “reemplaza” con una puesta extra al año siguiente.

El aislamiento que protegía a estas aves también las volvía vulnerables: no evolucionaron con depredadores mamíferos como ratas. Muchas especies anidan en el suelo o en vegetación baja, lo que facilita que un roedor encuentre huevos, crías y hasta adultos descansando.

Cómo llegó el invasor: el ingreso accidental y la expansión

Las ratas no son nativas del atolón. Se asocian con períodos de actividad humana intensa, incluyendo operaciones militares y llegada de suministros. En islas, el mecanismo es casi siempre el mismo: un barco, un contenedor, una descarga y, después, la reproducción silenciosa.

Una vez instaladas, encontraron alimento y refugio suficientes para multiplicarse. El daño inicial puede pasar desapercibido: huevos que no eclosionan, polluelos que desaparecen, nidos con señales de ataque. Con el tiempo, sin control sostenido, la presión se vuelve imposible de compensar.

El punto de quiebre: ataques a polluelos vivos

La gravedad escaló cuando se reportaron ataques a polluelos, no solo a huevos. Para especies que permanecen largo tiempo en el nido, eso resultó devastador: heridas, infecciones y mortalidad alta antes de que los jóvenes pudieran volar.

En términos poblacionales, menos juveniles reclutados implica colonias envejecidas y, con el tiempo, declive. En islas, ese declive puede volverse irreversible si se combina con otras amenazas como tormentas, contaminación plástica o cambios en disponibilidad de alimento marino.

La decisión extrema: erradicación a gran escala

La respuesta fue una operación de erradicación total apoyada en distribución de cebos rodenticidas con logística aérea y cobertura completa. La lógica es clara: en islas, dejar remanentes permite que la plaga se recupere; un puñado de individuos puede reiniciar el problema en pocos meses.

Después de la operación: recuperación, bioseguridad y lo que puede volver a fallar

Tras la erradicación, suelen reportarse mejoras en supervivencia de polluelos y estabilidad de colonias, aunque la recuperación total requiere tiempo por el ciclo reproductivo de estas aves. La naturaleza no “rebota” de inmediato cuando la especie tarda años en reemplazar generaciones.

El trabajo posterior es clave: monitoreo para detectar reinvasiones, control de bioseguridad en barcos y cargas, y protocolos estrictos para evitar que el problema se repita. Midway deja una advertencia transversal: en ambientes frágiles, la prevención suele ser la herramienta más barata, aunque sea la menos visible.