Irán es uno de los claros ejemplos. El bloque comunitario no ha conseguido ejercer una influencia real en una región que, denuncian, ha sido desestabilizada por el régimen de los ayatolás y sus actores satélites. Y es que, a pesar de tener una posición común contra el proyecto nuclear, no se ha llegado a ejercer presión más allá de apelar a la “desescalada”, protestar y amenazar sin resultados. El régimen iraní ha continuado enriqueciendo uranio y desoyendo durante años la advertencia internacional.
Y cuando las negociaciones con los estadounidenses parecían conducir a un posible acuerdo, Washington y Tel Aviv decidieron tomarse la justicia por su mano con un ataque relámpago que se ha saldado con la muerte de su líder supremo, Alí Khamenei, conduciendo a la región a una escalada bélica con consecuencias humanitarias imprevisibles. Teherán, por su parte, ha respondido con la misma medicina, bombardeando a los países aliados de Occidente y atacando directamente a uno de los buques insignia de la armada estadounidense.
En medio de esta escalada, las alarmas han vuelto a sonar en el Coreper, el gabinete de crisis de Bruselas, donde los embajadores se han reunido de urgencia para analizar una crisis en la que el bloque debe moverse si quiere ser un actor importante.
En una declaración conjunta inusual, Berlín, París y Londres han hecho un llamamiento a los gobiernos europeos y sus socios internacionales para tomar una posición activa que permita mitigar con rapidez los efectos de la guerra e impulsar la vía diplomática para frenar las hostilidades cuanto antes.
Tampoco se ha posicionado la propia Comisión, quien sí ha condenado los ataques de Irán, pero no los de EEUU e Israel. “La muerte de Ali Jamenei es un momento decisivo en la historia de Irán. Lo que viene después es incierto. Pero ahora hay un camino abierto hacia un Irán diferente, uno que su gente pueda moldear con mayor libertad”, subrayó la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas.
Las potenciales repercusiones negativas de esta nueva guerra podrían desembocar en una guerra civil sobre una población muy castigada y empobrecida. La patata caliente vuelve a estar en manos de los líderes europeos, que están obligados a retomar la iniciativa en un momento de cambio.