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La longevidad es el nuevo lujo y el mayor símbolo de estatus, según Forbes
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La longevidad es el nuevo lujo y el mayor símbolo de estatus, según Forbes

La longevidad se ha transformado en el nuevo lujo de los ultrarricos porque representa la última frontera de exclusividad: tiempo y vitalidad convertidos en bienes que pueden ser gestionados, adquiridos y optimizados a través de servicios personalizados, dispositivos avanzados y biotecnología. Esta tendencia amplía la brecha social, crea una industria multimillonaria y traslada el concepto del lujo al terreno de la vida y la salud, por el momento inaccesible para la mayoría.

El acceso a tecnologías y servicios capaces de alargar los años de vida saludable ya distingue a quienes pueden costearlos, mientras la mayoría solo accede a servicios básicos de salud. Para los multimillonarios, invertir en longevidad significa no solo vivir más, sino conservar vitalidad, influencia y control sobre su patrimonio, anticipando desafíos para la equidad social y el futuro de los sistemas de retiro.

Empresas como Calico Labs, fundada por Alphabet, enfocan su labor en la investigación básica sobre envejecimiento, mientras que Insilico Medicine utiliza inteligencia artificial para desarrollar terapias antiedad. SENS Research Foundation promueve la investigación vital para tratar enfermedades relacionadas con la edad, y otros centros como la Universidad de Ginebra o el Albert Einstein College of Medicine también juegan un papel relevante en el desarrollo científico de este campo.

Por otro lado, clínicas de longevidad de lujo como Fountain Life —cofundada por Tony Robbins— ofrecen diagnósticos genéticos complejos, programas médicos exclusivos y tratamientos antiedad personalizados, consolidando el acceso a la longevidad como un lujo individual de alcance global.

Ejemplos como el de Bryan Johnson ilustran cómo algunos invierten anualmente millones en protocolos extremos que integran dieta estricta, vigilancia médica con tecnología avanzada y terapias como la crioterapia. Estos establecimientos también brindan colchones inteligentes, cámaras hiperbáricas y entornos diseñados para impulsar la regeneración, además de acceso a “spas médicos” y complejos residenciales médicos de alta gama.

El ecosistema conocido como AgeTech, dice Forbes, amplía su presencia con relojes inteligentes, anillos de medición, plataformas digitales y aplicaciones de coaching, transformando la gestión de la longevidad en una suscripción constante para “mantenerse en el juego”, muy lejos del acceso universal al envejecimiento biológico.

La transición de la longevidad de un beneficio ocasional a un bien planificado profundiza la desigualdad. Forbes destaca que los avances refuerzan la distancia entre quienes pueden comprar años de vida extra y quienes se conforman con atención médica esporádica, una tendencia que también se observa en países desarrollados.

Este fenómeno implica desafíos éticos, económicos y regulatorios. Los elevados costos restringen el acceso; además, la falta de regulación específica y de validación científica para ciertos tratamientos incrementa los riesgos para los individuos y los sistemas de salud pública. El ecosistema de la longevidad presupone autonomía y capacidad de elección, pero solo una minoría cuenta con la infraestructura financiera y tecnológica para sostener ese estilo de vida.

Al convertirse la longevidad en un gasto permanente, la desigualdad se traslada del patrimonio a la expectativa y calidad vital. La gestión de la longevidad, apunta Forbes, deja de ser un derecho universal para convertirse en una responsabilidad individual solo viable para unos pocos, generando nuevos debates sobre justicia social y el papel del Estado en la distribución de estas oportunidades.

El intento por sumar años de vida plantea la interrogante sobre el coste real de este nuevo lujo. De acuerdo con Forbes, expertos advierten acerca de los riesgos de invertir únicamente en cantidad de años: aislamiento, dependencia de la tecnología, debilidad de los lazos sociales y acceso desigual pueden convertir la longevidad en un privilegio solitario.

La industria prevé que para 2050 casi 2.000 millones de personas podrían beneficiarse de soluciones de prolongación de la vida, pero el desafío es garantizar que los años extra sean realmente valiosos.

El verdadero desafío para los próximos años será crear tecnologías y sistemas de apoyo que permitan no solo vivir más, sino hacerlo con sentido y autonomía, evitando que este lujo se limite solo a quienes pueden costearlo.