Isa y Juan llegaron al mundo del vino como cualquier otro argentino, pero ese mundo los atrapó, les dio un norte y se volvió una pasión. Lejos de la solemnidad que pueden tener ciertos sommeliers profesionales, insisten en mantenerse como consumidores, teniendo una mirada crítica y evitando caer en el snobismo.
“No somos sommeliers, somos lo que se llama un enófilo, que es el fanático del vino. Es un consumidor pero bien nerd, que se mete en lo técnico, que le gusta conocer, explorar”, contó Juan. Este enamoramiento con la bebida nacional nació en un viaje de pareja en 2021 a Mendoza, donde de casualidad llegaron a una pequeña bodega que estaba casi cerrada por el covid y su dueño les explicó el paso a paso de la producción.
“Era una bodega chiquita. No solo probamos los vinos en una degustación tradicional, sino que vimos todo su proceso productivo, desde probar la uva en la planta hasta los distintos tanques, las distintas barricas”, relató Isa y, enseguida, Juan la secundó con una frase que explicó su fanatismo: “No fue el primer vino que probamos, pero sí fue el primer vino que entendimos, nos llegó al alma”, aseguró.
Desde allí, la pareja se volvió entusiasta del enoturismo porque “ayuda a la gente a conectar” -aseguraron- y tomaron una tierna costumbre entre sí: en cada aniversario de pareja, compran un vino y lo guardan durante todo un año para probarlo en el siguiente festejo.
Su proyecto en redes sociales
Este incipiente vínculo con el vino empezó a tener más presencia en su vida. Buscaban joyitas para mostrarse, charlaban entre ellos sobre los productos y lo sacaban como tema de conversación en las juntadas con amigos. “Después de este primer enamoramiento con el vino, nos encontramos charlando mucho del vino y ahí se nos ocurrió empezarlo a comunicar en redes sociales”, recordó Isa.
Casi sin buscarlo, Isa y Juan se volvieron creadores de contenido reconocidos en el mundo vitinícola y, como conservan sus otros trabajos, mantienen una cierta línea ética a la hora de hacer videos. “No nos gusta la idea de cobrar por recomendar un producto porque creemos que hoy la persona que está en redes mirando videos no es tonta. Hay gente que como que cree que las bodegas nos pagan, pero la realidad es que no”, aseveró Isa.
Si bien a los profesionales de la industria les costó aceptar que dos “amateurs” se vuelvan referentes del vino, los Truchommeliers continúan ganando adeptos gracias a que vuelven asequible un mundo que parecía estar lejano para el consumidor promedio que quizás no sabe tanto de la temática.
Con el amor por el vino, expandieron su comunidad
“Hoy en día en todo el mundo del vino se habla de la crisis mundial de la baja del consumo de litros por persona. Tenemos que destacar que es la bebida nacional, que está arraigada a nuestra cultura. A veces simplemente tomás un vino porque te gusta y ya está, y capaz no hay que analizarlo tanto”, opinó Isa.
A partir del éxito en redes sociales, los Truchommeliers sumaron productos a su haber: crearon una web donde se puede comprar botellas, lanzaron una suscripción a boxes temáticas con explicaciones técnicas de vinos recomendados por ellos que cambian mes a mes y armaron un club de vino gratuito con el que los usuarios consiguen grandes descuentos en bodegas.
“Creemos que el vino también es la oportunidad analógica para reencontrarnos con lo humano y con los afectos. Entonces nosotros hacemos cuatro encuentros al año en distintos lugares, creamos distintas dinámicas para que la gente participe y en muchos casos la gente se hace amiga”, comentó Juan. “Nuestro enfoque siempre va a ser que el vino es divertido, que es para compartir y que es para conectar. Nosotros hemos ganado un montón de amigos a través del vino y eso es lo importante”, concluyó Isa.