El valor de las sardinas en lata no se limita a su practicidad o bajo costo. Nutricionalmente, son un tesoro catalogado como pescado azul. Aportan una considerable cantidad de proteínas completas, esenciales para el organismo al contener todos los aminoácidos. Además, son ricas en grasas saludables, destacando los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), fundamentales para la salud cardiovascular.
Una particularidad de las sardinas en conserva es que se consumen con la espina. El tratamiento térmico ablanda la espina y facilita que el calcio se transfiera a la carne, duplicando su contenido en comparación con las sardinas frescas. Esta combinación de calcio y vitamina D las convierte en un poderoso aliado para la fortaleza de huesos, dientes y el sistema nervioso, especialmente beneficioso para quienes ingieren pocos lácteos.
Sin embargo, como toda conserva, las sardinas en lata presentan ciertas consideraciones. Suelen contener cantidades apreciables de sodio en el líquido de cobertura, lo que exige moderar su ingesta en personas con hipertensión o que deban controlar el consumo de sal. Por ser pescado azul, concentran purinas; a quienes padecen hiperuricemia o gota se les recomienda no abusar de ellas, similar a otros pescados.
La clave reside en la frecuencia y el contexto de la dieta general: la mayoría de los especialistas concuerdan en que integrarlas varias veces por semana dentro de una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, es seguro y beneficioso. Se aconseja priorizar las versiones en aceite de oliva frente a aquellas en salsas muy grasientas o azucaradas.
La receta de Carlos Gómez para preparar las sardinas en lata
Ingredientes
Preparación
Pasar por agua los garbanzos para aclararlos, y mezclarlos en un bol con el resto de ingredientes picados a tu gusto (excepto las sardinas, el vinagre, la sal, el aceite y las guindillas). Luego se prepara el aderezo: aprovechá el aceite de las sardinas y mézclalo con un chorrito de aceite de oliva, vinagre, las guindillas picadas y sal. Mezclá todo bien. Para terminar, disponé las sardinas por encima de los ingredientes del bol y aliña al gusto.
El creador de contenido resaltó que la sardina es mejor que el atún “porque no contiene mercurio”, por lo que concluyó: “El que come mal en casa es porque quiere”.
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