Julio César (100-44 a. C.) se gustaba a sí mismo. Como si fuera el narrador de su propia historia –y, de hecho, escribió sus obras en tercera persona–, supo poner la guinda a cada episodio de su vida con una cita épica.
Desde el “en César solo manda César” que le dedicó al dictador Sila cuando este le exigió que dejara a su esposa Cornelia hasta el “tú también, hijo mío” que se dice que le espetó a Bruto en su asesinato, todos recuerdan alguna de sus citas.
En parte porque era un buen narrador. De hecho, sus