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Venezuela, la novela del golpe que no fue
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Venezuela, la novela del golpe que no fue

Siempre polémico como periodista y narrador, Jaime Bayly no niega haber asaltado las vidas de amantes, familiares y enemigos al novelar la suya en libros como “No se lo cuentes a nadie” o “Los amigos que perdí”. ¿De quién es una historia?”, dice haberse preguntado, para concluir que la intimidad de ellos era también la suya, un territorio compartido fértil para un autor.

Ahora, a los 60 años, radicado en Miami desde hace más de 30 y dueño de lo que llama una “felicidad, sosegada, burguesa, predecible”, el narrador peruano sostiene que no le interesa saquear su entorno. América Latina provee.

“Soy novelista para tratar de entender por qué suceden las cosas”, explicó en Madrid, donde presentó su nuevo libro. “En ‘Los genios’, quise comprender por qué Mario Vargas Llosa le pegó a Gabriel García Márquez en 1976 un puñetazo, que acabó su amistad y del que jamás hablaron. Ahora, en ‘Los golpistas’, por qué fracasó el golpe de Estado que le hicieron a Chávez en Venezuela en abril de 2002; un golpe que había triunfado el primer día y al tercero era historia”.

Vargas Llosa le hizo un gran favor a “Los genios” cuando declaró: “Seguro que todo es mentira”, una frase que Joan Tarrida, editor de Galaxia Gutenberg, llegó a sopesar como posible faja de la novela. Lleva vendidos más de 40 mil ejemplares en español, se ha traducido a siete idiomas y hay tratativas para llevarla a pantalla.

“Los golpistas”, al que Trump le ha dado un empujoncito apresando en Caracas a Maduro en enero de 2026, aborda un detrás de escena inquietante: qué sucede cuando alguien quiere tomar el poder, pero no sabe qué hacer tras conseguirlo. “Si no sabes, la tragedia está servida. La novela está irrigada de humor sin embargo porque los golpistas eran risibles”, define Bayly, para quien ese golpe “esperpéntico” supera la triste y larga experiencia del subcontinente. “Chávez era un presidente constitucional con inclinaciones autoritarias al que un grupo de chapuceros pretendió derrocar”.

Famoso desde muy joven (empezó a los 18 en TV), Bayly reconoce las trampas de la vanidad y se ha mantenido lejos de la tentación de la política. “Soy una persona muy defectuosa, me gustan muchas cosas prohibidas. Me enamoraría de un edecán, de un guardaespaldas… no le conviene a nadie”, coquetea. Lo cierto es que sabe, al mando de su personaje, que la tele empodera con armas que los políticos envidian.