Edicion Argentina AR · 29 Mar 2026
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AR 29 Mar 2026
Velocidad de los cambios y lentitud de la política
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Velocidad de los cambios y lentitud de la política

Un rasgo común a las democracias es el abismo entre la velocidad de los cambios que transforman las sociedades y la lentitud de respuesta de la política. Mientras los Parlamentos debaten una nueva ley para regular nuevos problemas surgidos de las innovaciones tecnológicas, la situación vuelve a cambiar.

En nuestra democracia, el Congreso acaba de aprobar una ley de reforma laboral tras cuatro décadas de intentos fracasados y cuando casi la mitad de la población económicamente activa pertenece al sector informal de la economía. Hubo una reforma laboral de facto como consecuencia del retraso de la política.

Más allá de los contenidos de esta ley que dejó en pié pilares de un sindicalismo obsoleto, es claro que está lejos de dar respuesta a las transformaciones del mundo del trabajo. El dilema es cómo superar este abismo entre las respuestas de la política y la velocidad de los cambios sin renunciar a la democracia.

El fundador de PayPal, Peter Thiel, sostuvo que la libertad y la democracia no son compatibles, pensamiento de mega millonarios que dominan las nuevas tecnologías. Milei afirma que la Argentina entró en la decadencia a partir del voto secreto y masculino en 1916, cuando dejamos atrás el régimen oligárquico. Inquietante paralelismo.

¿Cómo emprender las reformas estructurales trabadas por las resistencias de una oposición en crisis sin lacerar la democracia? En la Argentina la oposición deshilachada coexiste con un gobierno que gobierna con el apoyo ocasional que logra obtener para cada proyecto de ley.

Renuente a las alianzas que ve como lastre de la vieja política - sólo propicia fusiones- el Gobierno avanza con los recursos provistos por el centralismo fiscal de facto. Los gobernadores son los interlocutores y beneficiarios de esta estrategia. La política resulta un intercambio entre lealtades y favores ocasionales y los consensos pueden ser flor de un día. Lo cierto es que el presidente Milei goza de la legitimidad que le dan los votos en las urnas y en el Congreso.

Fue la percepción generaliza de una crisis insoportable lo que movilizó los votos que lo llevaron la Presidencia y le renovaron el crédito en las elecciones nacionales intermedias. Las reglas ordinarias de la política ya no eran suficientes: “así no va más” fue el sentir colectivo que sembró la esperanza renovada.

En democracia, las reformas estructurales exitosas fueron el resultado de amplios consensos entre las fuerzas políticas que sostuvieron el desafío de ajustes dolorosos y garantizaron la continuidad de las políticas. Así pudieron vencer la resistencia de pocos, pero poderosos y la de mayorías que no alcanzan a divisar los beneficios. Ese fue el camino del milagro alemán conducido por Konrad Adenauer. La democracia sin partidos es un oximoron. La democracia de un solo partido, una dictadura perfecta como el México del PRI. Hoy no hay duda de que, entre bambalinas, López Obrador busca restaurar ese régimen con una reforma electoral que pulverice a la oposición. LLA también impulsa una reforma electoral en su beneficio y parece tener el camino despejado para transitar hacia el autoritarismo aunque el éxito de la empresa no está asegurado.

La inflación no se desacelera, los salarios caen, cae el empleo formal y el índice de confianza en el gobierno. Se estancan la industria, la construcción y el comercio; crecen la minería, el agro, la energía y la economía del conocimiento que no son mano de obra intensivas y perfilan una sociedad de enclaves, más desigual e injusta.

La flexibilización salarial es condición necesaria para dar respuesta a los problemas, pero no suficiente. El crecimiento exige otras condiciones: crédito, seguridad jurídica, capacitación de mano de obra...de las que carece la Argentina. Además, exige que se proteja a la población arrojada a la intemperie si habrá de asegurarse la cohesión social.

También en Estados Unidos la falta de oportunidades y la inflación que no cede como lo prometiera Trump, sumados a la imposición de tarifas que golpean a los consumidores, dan cuenta de la caída del apoyo a un escaso 38% (CNN, Encuestas de Encuestas)

En democracia, las resistencias no pueden ser ahogadas y más allá de las diferencias entre Trump y Milei, de sus contextos y desafíos, en ambos casos la opinión pública establece límites y las elecciones son el test decisivo. Así es la democracia mientras dura.

La guerra generalizada en Medio Oriente es el corolario de la estrategia de Trump de extender los conflictos. Es probable que como lo muestra la historia, esa estrategia lo conduzca al fracaso y pocos quieran mirarse en su espejo.