Edicion Argentina AR · 01 Apr 2026
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La ironía de Teherán
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La ironía de Teherán

La estrategia de ampliación democrática que Madeleine Albright impulsó encuentra hoy aplicación bajo un presidente que parece consolidar un “globalismo estadounidense a la carta”.

Durante el gobierno de Bill Clinton, la secretaria de Estado, Madeleine Albright, y el entonces jefe del Estado Mayor Conjunto, Colin Powell, protagonizaron una discusión central sobre los límites del poder de Washington.

Powell defendía una doctrina restrictiva: uso excepcional de la fuerza, respaldo de la opinión pública y consenso internacional, con estrategia de salida clara. Albright sostenía que la principal potencia debía ejercer y, llegado el caso, arriesgar su poder cuando la acción tuviera al menos posibilidades de éxito, para promover la democracia.

En ese contexto formuló una pregunta que sintetizaba su posición: “¿De qué sirve tener unas Fuerzas Armadas tan formidables si no estamos dispuestos a utilizarlas?”

En diciembre de 2017, en el Hotel Alvear, durante un acto del CARI, ella aguardaba unos minutos en un espacio apartado del salón, lejos del auditorio. Estaba sola. Aproveché esa pausa para intentar acordar una entrevista. El intercambio avanzaba bien. En ese momento, una asistente me cortó la charla y le mostró en su celular una noticia de último momento sobre una decisión de Donald Trump. Albright abrió los ojos, levantó ambas manos y se tomó la cabeza unos segundos. En ese instante quedó claro que la entrevista ya no tendría lugar. Minutos después se puso de pie, me respondió con cortesía que no sería posible y salió hacia la sala contigua, donde la esperaban tres excancilleres de la democracia argentina.

La situación en aquel momento lo explicaba. Trump había reconocido a Jerusalén como capital de Israel y avanzaba hacia una demolición del liberalismo internacional que ella había defendido durante décadas.

Hoy la “doctrina Albright” adquiere otra dimensión.

EE.UU. actúa junto a Israel sobre territorio de Irán, mientras Jerusalén invoca la lógica del preemptive strike : atacar cuando una amenaza es considerada inminente.

Trump, además, impulsa un cambio total de régimen en Teherán y exhorta a la población local a aprovechar lo que describió como su última oportunidad en generaciones. Incluso ese cambio podría ya estar en marcha: al momento de escribir esta columna, el líder supremo iraní habría muerto en los ataques.

La expansión del orden democrático mediante presión diplomática o uso de la fuerza —que consideraba parte de la responsabilidad de la potencia líder— encuentra aplicación en Irán, al menos en las palabras de Trump. En Venezuela, el desenlace sigue abierto.

Madeleine Albright falleció en 2022. No llegó a ver este momento. Sin embargo, la pregunta permanece.

Si estuviera hoy frente a esta escena, ¿se llevaría nuevamente las manos a la cabeza o estaría por aplaudir, fiel a la honestidad intelectual con la que defendió el uso del poder cuando la acción tuviera posibilidades de éxito?

Y si ese aplauso llegara, ¿Donald Trump se sentiría cómodo recibiéndolo?

Más allá de la ironía histórica, cabe preguntarse si aquel liberalismo internacional dio paso a un “globalismo estadounidense a la carta”, la versión que hoy encarna Trump.

Como dijo Winston Churchill en 1944, cuanto más lejos se puede mirar hacia atrás, más lejos se puede ver hacia adelante.

Tal vez el tiempo revele que la tesis que Albright defendió frente a Colin Powell encontró su aplicación más nítida bajo un presidente que proclamó el fin del orden que ella ayudó a construir.

Esa es, al fin y al cabo, la ironía de Teherán.