El fenómeno aumentó durante la pandemia de Covid-19. Mucha gente escapa de las grandes ciudades para llevar una vida más tranquila en pueblos más pequeños o incluso en el campo. Una historia que pronto se viralizó en las redes sociales es un ejemplo de esta tendencia.Marlene es una de estas personas. Exprofesora brasileña eligió vivir en el campo en la prefectura de Ituporanga estado de Santa Catarina. Tomó esa decisión luego de la muerte de su esposo según cuenta en su página de Facebook. Ahora su rutina gira en torno a 13 hectáreas que ella misma cultiva y administra así como a un taller de costura que funciona en la misma propiedad.Su testimonio grabado en un video de YouTube puede verse en el canal de YouTube jj88. Marlene relata que las tareas rurales requieren planificación trabajo físico y un profundo conocimiento de los ciclos naturales. La plantación de frutas y el mantenimiento del huerto son aspectos fundamentales para su bienestar diario porque le permiten reducir costos tener alimentos frescos y fortalecer un estilo de vida sostenible.Un proyecto de vida ruralAdemás el taller de costura ha sido otra pieza fundamental para complementar sus ingresos. Al ofrecer servicios de sastrería y productos a la medida Marlene ha logrado no depender exclusivamente de la agricultura lo que diversifica su economía y refuerza la viabilidad de su proyecto de vida rural.Este enfoque mezclar agricultura con un proyecto artesanal es una tendencia que aunque minoritaria está en crecimiento. Las huertas familiares por ejemplo han aumentado un 30% en los últimos años impulsadas tanto por el alza de los precios de los alimentos como por el interés en producir de forma directa y controlada.La experiencia de Marlene no es totalmente aislada. En otras latitudes personas de todas las edades también están optando por formas de vida similares sustentadas en huertos producción propia y una fuerte conexión con el entorno natural.En Brasil por ejemplo dos hermanas de más de 70 años han vivido décadas en una granja autosuficiente sustentándose con su huerto orgánico leche y producción artesanal sin depender de medicinas convencionales según recuerda un artículo de Mundo Deportivo.Al ritmo de la naturalezaEstas historias reflejan un deseo creciente de salir del modelo urbano tradicional para encontrar alternativas más lentas ligadas al ritmo de la naturaleza. Sin embargo la vida rural no está exenta de desafíos. En muchos países donde la agricultura y la ganadería enfrentan problemas estructurales las jornadas de trabajo son largas y el acceso a recursos y mano de obra limitado.Además el papel de la mujer en el campo sigue siendo objeto de análisis. A pesar de que muchas lideran iniciativas agrícolas y de autosuficiencia las estadísticas reflejan que solo una pequeña fracción de mujeres son cotitulares de las explotaciones que tienen con su pareja y enfrentan desigualdades en el acceso a recursos y reconocimiento formal.El sitio Ecoticias destaca que Marlene no empieza de cero. “Tiene habilidades prácticas una profesión que puede ejercer desde casa y una red local que le permite captar clientes; además vive en una región donde el campo no está aislado del todo”.Luego afirma que “su experiencia inspira pero debe convertirse en un ‘manual universal’ porque el acceso a atención médica servicios básicos ingresos estables y transporte sigue siendo un freno real en muchas zonas rurales”. Marlene está cerca de una ciudad de casi 30.000 habitantes donde la economía basada en las explotaciones rurales todavía tiene gran peso.