El control de los recursos económicos en Irán tuvo su eje central en una organización denominada Setad Ejraiye Farmane Hazrate Emam, conocida simplemente como Setad. Aquella entidad se transformó en un gigante empresarial con activos estimados en 95.000 millones de dólares, una cifra que superó largamente las exportaciones anuales de petróleo del país en diversos periodos. Sin embargo, su base no surgió de la actividad industrial genuina, sino de la confiscación sistemática de miles de propiedades pertenecientes a iraníes comunes, opositores políticos y minorías religiosas.
Sin más, la organización nació a partir de una orden de dos párrafos firmada por el Ayatolá Ruhollah Jomeiní poco antes de su muerte en 1989. Originalmente, el mandato era gestionar y vender propiedades supuestamente "abandonadas" durante el caos de la Revolución de 1979 para destinar los fondos a la caridad.
Aun así, bajo el mando de su sucesor, Ali Jamenei, el organismo expandió su alcance de manera drástica, convirtiéndose en un holding que abarca desde la industria petrolera y las telecomunicaciones hasta la fabricación de anticonceptivos y la cría de avestruces.
Así, la falta de control institucional facilitó que la entidad operara con total impunidad dentro del marco legal iraní.
El mecanismo de las expropiaciones sistemáticas
El proceso para alimentar el patrimonio de Setad seguía un patrón jurídico específico: la organización reclamaba ante los tribunales revolucionarios que ciertas propiedades estaban abandonadas o pertenecían a personas que habían huido del país o eran "enemigas del régimen". En muchos casos, los jueces emitían órdenes de incautación sin que los legítimos dueños tuvieran oportunidad de defensa. Una vez que Setad obtenía el control legal, las propiedades eran subastadas para generar liquidez o integradas a los proyectos inmobiliarios del holding.
Un holding fuera del control estatal
A pesar de su magnitud, las cuentas de Setad permanecieron cerradas al escrutinio público. Al responder directamente al Líder Supremo, la organización no pagaba impuestos ni estaba sujeta a auditorías externas. En 2013, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos impuso sanciones a la entidad y a sus subsidiarias, describiéndola como una red de empresas fachada que operaba en nombre de la cúpula del poder iraní. "Setad es una red de negocios masiva y secreta que ha sido utilizada por el liderazgo de Irán para ocultar activos", señaló el Tesoro en su comunicado oficial de aquel año.
La influencia de este imperio empresarial permitió que Khamenei proyectara poder incluso en momentos de crisis económica nacional. Mientras la inflación golpeaba a la población civil, Setad seguía expandiendo su cartera de inversiones. Con la muerte del Ayatolá este último sábado, el destino de esta estructura de 95.000 millones de dólares y el control sobre las propiedades aún bajo litigio abren una etapa de incertidumbre sobre quién administrará la caja.
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