Bueno, mi carrera empezó en los años 80, cuando comencé en una compañía aérea especializada en transporte de cargas aéreas. Al principio, trabajaba en la parte operativa y luego pasé a la parte comercial, donde me empecé a interesar por la logística internacional y el comercio exterior, especialmente en lo que respecta al transporte aéreo. Fue una experiencia enriquecedora, ya que tuve la oportunidad de interactuar con los principales forwarders de la época, que eran solo un pequeño grupo especializado exclusivamente en cargas aéreas.
La geopolítica juega un papel fundamental en este contexto. Las sanciones entre países, las guerras comerciales, y los conflictos bélicos, como el de Ucrania y Rusia, afectan directamente a la logística global. Las rutas se cancelan, las disponibilidades de equipos cambian, y la incertidumbre sobre los tiempos de llegada se incrementa. Esto hace que sea fundamental aprender a adaptarse y a resolver problemas de manera rápida y eficiente. En este nuevo escenario, la capacidad de solucionar problemas en lugar de ofrecer simplemente el costo más bajo es lo que gana la confianza de los clientes.
Es inevitable que en logística ocurran errores, ya que la operación está llena de variables que no siempre podemos controlar. Sin embargo, la clave es resolver de manera inmediata. Los errores en logística pueden generar costos muy altos.
Un error en la clasificación de una mercancía, un booking cancelado, o un mal pronóstico pueden generar demoras y sobrecostos que impactan en toda la cadena, desde el operador logístico hasta el cliente final.
Como líder, mi enfoque es actuar de inmediato para corregir. Es crucial que el equipo entienda la importancia de resolver estos problemas con rapidez. Mi rol es mantener la calma en el equipo y guiarlos para que tomen las decisiones correctas sin perder tiempo, minimizando así el impacto en la operación.
El desafío radica en que estos errores no solo afectan a la empresa, sino que repercuten en toda la cadena logística: desde las compañías aéreas y marítimas hasta la aduana y los despachantes. Si no se actúa rápidamente, los costos se disparan y el cliente final es el que sufre las consecuencias. Por eso, la rapidez en la resolución y la eficiencia operativa son clave para minimizar los efectos negativos.
En logística y comercio exterior, tenemos varios cuellos de botella que afectan la fluidez de las operaciones. Uno de los principales problemas son las omisiones de puertos por parte de las líneas marítimas, que priorizan las rutas más rentables, lo que provoca que algunas cargas no lleguen a tiempo como estaban previstas.
Después de la pandemia, se produjo una concentración en un pequeño número de líneas marítimas que ahora controlan el 90% del mercado. Estas compañías no solo ofrecen transporte marítimo, sino también otros servicios como la gestión de turnos en terminales, el servicio de fraude y el transporte terrestre. Esto ha generado una gran competencia comercial para los operadores logísticos, quienes debemos lidiar con estas limitaciones.
Por otro lado, la geopolítica sigue siendo un desafío constante. Los cambios en las políticas comerciales, las sanciones y los conflictos bélicos afectan las rutas y los tiempos de entrega. Las restricciones de cada país pueden generar nuevos obstáculos, y la falta de flexibilidad en ciertos aspectos logísticos puede hacer que los costos se disparen.
Necesita una transformación profunda, especialmente en Argentina. Es fundamental realizar cambios estructurales que mejoren la eficiencia, como la ampliación de puertos y una mayor agilidad en los procesos aduaneros.
Argentina tiene grandes oportunidades, sobre todo en los sectores agrícola, minero y de maquinaria, que están viendo un crecimiento importante gracias a acuerdos internacionales como el que se firmó entre el Mercosur y la Unión Europea.
Para que el país pueda ser competitivo a nivel global, el gobierno debe implementar políticas públicas que fomenten una mayor apertura económica, como reformas laborales y tributarias que ayuden a las empresas a reducir costos operativos. También es necesario que las infraestructuras logísticas se modernicen y adapten a las necesidades del comercio internacional.
Hoy, más que nunca, el comercio internacional y la logística deben ir de la mano con la tecnología. Esto ha permitido mejorar la trazabilidad y la visibilidad en tiempo real de las cargas, y las empresas que no se adapten a este cambio quedarán atrás.
El futuro de la logística internacional dependerá de cómo las empresas se adapten a los cambios geopolíticos, a la digitalización, y a las nuevas exigencias del mercado. La capacidad de innovar, de anticipar cambios y de adaptarse a nuevas circunstancias será lo que diferencie a los buenos operadores logísticos de los excelentes.