El consumo moderado de café podría asociarse con una reducción del riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica.
Las enfermedades renales, como la enfermedad renal crónica (ERC), los cálculos renales, la pielonefritis y la glomerulonefritis, representan un desafío creciente para la salud pública en todo el mundo.
La ERC es la más prevalente y suele tener como causas principales la diabetes y la hipertensión. De acuerdo con el análisis, en personas con riñones sanos, el café no está vinculado con daño renal. Por el contrario, diversos estudios han identificado una relación positiva entre su consumo y la salud renal.
Un seguimiento de 14.209 individuos entre 45 y 64 años durante ocho años detectó que quienes consumían café tenían un riesgo 11% menor de desarrollar ERC comparados con quienes no lo hacían.
Además, por cada taza adicional al día, el riesgo de diagnóstico de enfermedad renal crónica descendía un 3%. Otro estudio, con una muestra de 227.666 personas de 40 a 73 años, arrojó resultados similares: una taza más de café cada día reducía la probabilidad de padecer enfermedad renal en estadios avanzados.
El vínculo entre el café y la protección renal se presenta como un fenómeno dependiente de la cantidad ingerida. Datos recopilados entre 1960 y 2020 con más de 505.000 participantes indican que quienes bebían al menos dos tazas diarias de café presentaban un riesgo menor de ERC frente a quienes solo tomaban una. Además, la mortalidad asociada a enfermedad renal crónica era más baja entre los consumidores habituales de café.
Las cifras más recientes permiten detallar este patrón de la siguiente manera:
La protección que ofrece el café no es uniforme en toda la población. Los beneficios observados aplican principalmente a personas sin otras condiciones médicas relevantes.
Por ejemplo, en un grupo de 5.851 personas obesas o con sobrepeso de entre 55 y 75 años, el consumo de dos o más tazas de café con cafeína al día se asoció con una mayor reducción de la función renal, lo que sugiere que el efecto depende del estado metabólico y de salud de cada individuo.
El estudio también encontró diferencias de género: los hombres que consumen dos o más tazas de café al día pueden tener menor riesgo de enfermedad renal terminal (ERCT), un efecto que no se observó en mujeres. La presencia de variantes genéticas, enfermedades autoinmunes o patologías raras podría modificar la respuesta al café.
La decisión de incluir o aumentar el consumo de café debe tomarse en conjunto con el equipo médico tratante, en especial para quienes tienen antecedentes de enfermedad renal, diabetes, hipertensión o condiciones metabólicas. Consultar al profesional de la salud antes de modificar el patrón de consumo.
Los datos actuales sugieren que entre una y tres tazas de café al día pueden estar asociadas con un menor riesgo de desarrollar enfermedad renal crónica en la población adulta sin enfermedades preexistentes graves.