Para Ana Ibáñez -neurocientífica dedicada a la investigación y desarrollo de entrenamientos cerebrales para el alto rendimiento-, nuestras experiencias y pensamientos son más importantes de lo imaginado. Además, sostiene que existen métodos posibles para reconfigurar las conexiones neuronales y así aliviar el estrés y la ansiedad.
El punto de partida en su teoría, como explicó en el podcast Mi latido de Más y replicó La Vanguardia: “Somos los arquitectos de nuestro cerebro. Por eso, lo más importante es la plasticidad cerebral”.
“Si somos conscientes de esto, podemos cambiar nuestras frecuencias cerebrales y, con ello, cómo nos sentimos y vemos el mundo”.
Esta idea, tal como puntualizó Ibáñez, viene de la teoría del premio nobel de medicina Santiago Ramón y Cajal. Este médico y científico español observó que las interacciones entre neuronas no son fijas sino adaptables, lo cual es esencial para el aprendizaje y la memoria.
Esto anticipó que el cerebro no es estático, sino que puede cambiar su estructura y enlaces a lo largo de la vida. Algo que contrastó con la creencia dominante de principios del siglo XX que establecía que el sistema nervioso era rígido e inmutable.
Al mismo tiempo, Ibáñez recalca que “nuestro cerebro no llega a la velocidad que nos exige la vida hoy y opera desde lugares de alerta en lugar del córtex prefrontal, que es el área que nos permite tener perspectiva y reflexión”.
Entrenar el cerebro para disminuir el estrés y la ansiedad
Sobre los dos parámetros anteriores, Ibáñez, como replicó La Vanguardia, enfatiza en la necesidad de entrenar el cerebro de manera consciente. Para ello, brindó en el pódcast Mi latido de Más una serie de claves fundamentales.
Mantener nuestro combustible
“Si queremos conectar con nuestro córtex prefrontal -la parte del cerebro encargada de las funciones ejecutivas-, necesitamos energía. Dormir bien, alimentarnos correctamente y rodearnos de ambientes que nos nutran emocionalmente es clave”, afirmó.
No somos nuestro cerebro
La nota de La Vanguardia destaca que este fue uno de los conceptos más reveladores de la entrevista: separar nuestra identidad de nuestro cerebro permite gestionar mejor el colapso mental.
“Cuando te sentís bloqueado, en lugar de creer que es una debilidad, deberías decirte: Mi cerebro no me está dando lo que necesito para esta situación. Entonces, en lugar de alimentar el estrés, podemos analizar qué pasos tomar para desbloquearnos”, sugirió la neurocientífica.
Cuidar la motivación
“Nuestro cerebro necesita ilusionarse para funcionar bien. Sin motivación, nos estancamos,” sintetizó Ibáñez.
Buenas relación entre cerebro y corazón
“Ahora sabemos que el campo electromagnético del corazón es miles de veces superior al del cerebro. Esto significa que el corazón moviliza absolutamente a nuestro cerebro”, completó Ibáñez.
Las técnicas específicas para optimizar el cerebro
Ibáñez, por un lado, destaca los beneficios de la meditación. “Induce frecuencias alfa, que generan calma y reducen la activación de los núcleos amigdalinos, responsables de la alerta. Pero si meditar no es para vos, hay otras formas de inducir este estado, como la jardinería, caminar o escuchar buena música”, indicó.
Además, resaltó que “el movimiento muscular tiene un impacto directo en el cerebro. Forzar una sonrisa, por ejemplo, puede cambiar nuestra química cerebral y mejorar el estado de ánimo”.
Escaparle al miedo
“Si analizamos cualquier situación que nos angustia, al final lo que hay detrás es miedo: a fracasar, a no ser suficiente, a no ser querido. Pero podemos entrenar a nuestro cerebro para elegir el amor y la expansión en lugar del temor”. Y añadió: “No hay que esperar a estar mal para cuidar el cerebro, porque si tenemos un cerebro fuerte y flexible, podrá afrontarlo todo mejor”.