Casi siempre alegando cuestiones de seguridad, los padres les dan un teléfono móvil a sus hijos. De esta manera, muchos niños de 12 años ya cuentan con un dispositivo que pueden utilizar en caso de emergencia o para sumergirse en todo tipo de contenidos.
Otros estudios advierten que los móviles no son adecuados para los más pequeños y que uso está asociado con problemas de atención y menos tiempo para actividades esenciales del desarrollo.
En España, la psicóloga infantojuvenil María García, colaboradora de la campaña Cargando valores, impulsada por Save Family, en declaraciones al sitio de noticias Heraldo, afirma: "Hay niños con 4 y 5 años que ya tienen problemas para desprenderse del móvil".
María García, a quien podemos seguir y contactar en su página de Instagram, agrega que "la frontera entre el uso y la dependencia se cruza cuando el dispositivo deja de ser una herramienta y pasa a convertirse en una necesidad emocional". Para García, el problema no está tanto en la tecnología en sí, que puede aportar cosas beneficiosas, sino en la manera en la que se integra en la vida diaria.
"No se trata de demonizar las pantallas, sino de enseñar a los menores a relacionarse con ellas de forma sana y equilibrada. El riesgo surge cuando el móvil o la tablet sustituyen el contacto humano, el juego libre o la gestión de emociones", explica.
En cuanto a esta dependencia digital, García explica que "la afectación es muy clara y directa porque siempre que hay un enganche nuestro desarrollo psíquico y emocional ya se ve alterado”.
Luego destaca algunos síntomas en los niños:
En cuanto a las posibles soluciones, la psicóloga explica que “las adicciones no aparecen de la nada ya que suelen ser una respuesta a necesidades internas que no están cubiertas: necesidad de calma, de afecto, de validación, de controlar la ansiedad o de evadirse de situaciones difíciles”.
Entonces, cuando los niños reaccionan de esa manera es porque hay alguna necesidad detrás que no estamos sabiendo gestionar. “Y ahí es donde empieza el problema", dice García. No se trata, afirma, de prohibir o castigar, sino de enseñarle a los niños a realizar un uso responsable de teléfonos y tablets.