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AR 20 Mar 2026
En medio de una guerra entre accionistas, la Justicia decretó la quiebra de Bioceres SA
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En medio de una guerra entre accionistas, la Justicia decretó la quiebra de Bioceres SA

La Justicia de Santa Fe decretó el estado de quiebra de Bioceres S.A., la firma de biotecnología agropecuaria fundada en 2001 por un grupo de productores de Rosario y considerada el germen del actual holding que cotiza en Wall Street.

La empresa está tironeada por dos pesos pesados, como detalló Infobae el fin de semana pasado. Se trata de Federico Trucco, el histórico CEO de la empresa, y el magnate uruguayo Juan Sartori, quien ya estaba vinculado a la empresa, pero que a mediados del año pasado se convirtió en uno de sus principales accionistas en medio de un complejo escenario financiero para la empresa.

La decisión fue tomada por el juzgado civil y comercial de Rosario a cargo del juez Fernando Mecoli, quien dispuso que la empresa pierda de inmediato el control sobre sus bienes, que pasarán a ser administrados dentro del proceso de quiebra, y que se investiguen en detalle sus movimientos financieros.

De acuerdo con el expediente, la compañía ya no tiene capacidad para hacer frente a sus deudas. El pasivo supera ampliamente a los activos y el patrimonio neto es negativo en alrededor de USD 110 millones, lo que confirma una situación financiera crítica.

El 8 de enero de 2026 la compañía se había presentado en convocatoria de acreedores por una deuda superior a los USD 39 millones. La novedad fue informada en ese entonces a la Securities and Exchange Commission (SEC), el regulador del mercado de capitales de Estados Unidos.

El default, sin embargo, se había producido meses antes. En julio de 2025 la firma incumplió el pago de pagarés bursátiles por más de USD 5 millones, en medio de un fuerte deterioro de sus flujos de fondos.

Luego de pedir la quiebra y en una presentación posterior ante la SEC, Moolec Science —actual paraguas societario del grupo— informó que la pérdida de control sobre Bioceres S.A. y su subsidiaria en Estados Unidos generará una ganancia contable estimada en USD 91 millones y USD 5,3 millones, respectivamente.

Se trata de un efecto técnico derivado de la norma internacional NIIF 10: al dejar de consolidar una sociedad con patrimonio neto negativo, el grupo elimina de sus estados financieros el pasivo que arrastraba esa estructura. La mejora impacta en el resultado contable, aunque no implica el ingreso efectivo de fondos ni una recuperación operativa.

Los abogados que presentaron el pedido de quiebra de la compañía, Lorente, López & Asociados, dijeron a Infobae: “La Justicia consideró que el riesgo de que los acreedores actúen por separado y avancen con ejecuciones individuales fue clave para aceptar el pedido de quiebra de Bioceres S.A. El objetivo de abrir el proceso universal de quiebra es ‘cristalizar el patrimonio’”.

Esto quiere decir congelar los activos de la empresa y evitar que se vendan o se repartan de forma desordenada. El pedido, aclararon, busca proteger el interés general de la compañía y asegurar que todos los acreedores reciban el mismo trato.

La crisis financiera tuvo como telón de fondo el desplome bursátil de Bioceres Crop Solutions, la compañía del grupo que cotiza en el Nasdaq bajo la sigla BIOX y que ahora aparece escindida del grupo. A comienzos de febrero de 2025 sus acciones habían alcanzado los USD 6,55. Un año más tarde rondan los USD 0,52, una caída cercana al 90 por ciento.

Ese derrumbe la convirtió en una penny stock, es decir, una empresa con acciones por debajo de USD 1, y la expuso al riesgo de desliste del mercado tecnológico estadounidense.

Hasta mediados de 2025, Bioceres S.A. era la controlante de Bioceres Crop Solutions, la compañía que cotiza en el Nasdaq bajo la sigla BIOX. Pero detrás de esa estructura ya se acumulaban tensiones financieras y societarias que terminarían por estallar.

La historia del grupo comenzó en 2001, en plena crisis político-económica. Unos 300 productores decidieron financiar investigación científica aplicada al agro. Entre los impulsores estaban Víctor Trucco -padre de Federico- y Gustavo Grobocopatel -fundador de Los Grobo-. Con los años, el proyecto se transformó en un entramado internacional con presencia en más de 25 países.

Uno de sus desarrollos más emblemáticos fue la tecnología HB4, la semilla resistente al estrés hídrico creada junto al Conicet y la Universidad Nacional del Litoral. En 2024 el Departamento de Agricultura de Estados Unidos dio luz verde al trigo HB4, un hito que en ese momento fue presentado como un punto de inflexión para el negocio.

La expansión incluyó compras estratégicas, como la firma de agroinsumos Rizobacter por USD 76 millones, y una compleja estructura societaria que terminó convirtiéndose en una verdadera mamushka corporativa. En la cúspide estaba Bioceres Group Limited, radicada en el Reino Unido. Debajo se ubicaban Bioceres SA en Argentina, Bioceres LLC en Estados Unidos y finalmente Bioceres Crop Solutions, el vehículo que salió a la bolsa en 2019 mediante la modalidad SPAC.

La cotización en Wall Street fue celebrada como la consagración del proyecto. Pero el contexto empezó a jugar en contra. Demoras regulatorias, la sequía argentina de 2022, la caída internacional de los commodities y luego la crisis del agro de fines de 2024, que golpeó a compañías como Surcos y Los Grobo, pusieron presión sobre las finanzas de la empresa.

Finalmente, 2025 fue el punto de quiebre. En medio del estrés financiero, el entonces CEO de Bioceres, Federico Trucco, convocó al empresario uruguayo Juan Sartori, quien ya tenía participación en el holding a través de Moolec, una firma enfocada en agricultura molecular. Moolec y Bioceres Group pasaron a convertirse en el nuevo paraguas societario por encima del resto de las compañías.

Sartori, a través de Union Group, consolidó una participación cercana al 20%. Los más de 300 accionistas históricos, que en conjunto representaban alrededor del 60% del capital aunque ninguno superaba el 10% individual, comenzaron a diluirse en medio de la crisis. A partir de allí, las versiones sobre lo ocurrido divergen.

Desde el entorno de Sartori sostienen que la gestión de Trucco dejó un “profundo deterioro económico y financiero” al cierre de los estados contables del 30 de junio de 2025. Señalan una pérdida de activos netos estimada en USD 295 millones y afirman que el pedido de quiebra de Bioceres SA fue una medida inevitable frente al agravamiento de la exposición financiera del grupo.

Del otro lado, en el entorno de Trucco rechazan esa reconstrucción. Sostienen que, una vez que Sartori tomó el control de Bioceres SA, ordenó defaultear pagarés y encaró una negociación hostil con acreedores que terminó derivando en el autopedido de quiebra. Afirman que nunca hubo voluntad de pago y que el objetivo real era quedarse con una porción mayor de BIOX.

La tensión escaló en diciembre, cuando Trucco quedó fuera del directorio de Bioceres SA tras el pedido de quiebra. En los últimos días trascendió que prepara una denuncia penal vinculada a esa asamblea y a las decisiones adoptadas en el proceso.

Mientras tanto, el frente operativo también se achica. ProFarm Group, adquirida en 2022 por USD 243 millones, terminó en manos de acreedores en Estados Unidos tras la ejecución de garantías por USD 55 millones. Uno de los accionistas de BIOX, el fondo Jasper Lake, se quedó con la compañía por unos USD 15 millones.

Si bien Rizobacter logró recientemente reestructurar su deuda, fuentes al tanto de las negociaciones aseguraron que, en la medida que algún acreedor solicite cobrar su deuda, el futuro de la firma de insumos para el campo quedaría indefinido.

Con la quiebra de la sociedad fundacional ya decretada en Santa Fe, la disputa entre accionistas se traslada ahora al terreno judicial y bursátil, con el futuro de BIOX en el centro de la escena.