Se necesita mucha energía para alimentar los centros de datos de inteligencia artificial, una carrera que involucra tanto a Washington como a Pekín.
La idea proviene de Bruno Macaes, exministro portugués de Asuntos Europeos y ahora autor de exitosos ensayos sobre geopolítica, además de colaborador del New Statesman.
"Sin duda es un factor, aunque no esté en la mente de la gente ahora mismo", explicó Macaes por teléfono a ANSA.
Venezuela, Irán, Irak y Arabia Saudita se encuentran, de hecho, entre los principales proveedores de crudo de China, junto con Rusia. Su dominio sobre la Inteligencia Artificial, que ya requiere inmensas cantidades de energía para evolucionar, es, por lo tanto, parte de la historia de lo que está sucediendo en Irán.
"Los inversores podrían tolerar un shock, como el de 2022, pero no dos, ya que en ese caso la situación se volvería casi permanente", argumentó Macaes.
"Europa no cuenta con fuentes de energía propias, por lo que el coste de la electricidad está ligado al suministro externo, y quienes necesitan invertir, ya sea en manufactura o en centros de datos, podrían optar por buscar en otros lugares", señaló.
Para Europa, por lo tanto, alinearse con esta guerra representa un "suicidio".
Más allá del problema energético, también existen implicaciones políticas y de seguridad.
"El colapso de Irán conlleva el riesgo de una crisis migratoria, por un lado, y un aumento de los atentados, que ya se están planeando", aseguró Macaes.
"En ambos casos, el efecto será impulsar la victoria de la extrema derecha en Europa, incluyendo Francia y Alemania", especificó.
Esto provocará una polarización de la sociedad europea. Sin embargo, sin lograr estabilidad en las relaciones transatlánticas.
"El problema de Groenlandia volverá, al igual que la coerción económica", predijo el experto.
En resumen, aunque nadie extrañará a los ayatolás, la apuesta de Donald Trump y Benjamín Netanyahu podría resultar muy costosa para el Viejo Mundo. China incluida. (ANSA).