Funcionarios citados por el WSJ señalaron que Trump aún no tomó una decisión definitiva sobre el suministro de armas, entrenamiento o apoyo de inteligencia a estos grupos, y que el debate permanece en evaluación dentro de la administración.
Sin embargo, la implicación directa en un cambio de régimen en Irán representaría una escalada significativa con potencial de desestabilización más amplia.
Expertos advierten que la fragmentación interna iraní —que incluye minorías kurdas, baluches y árabes— podría convertirse en un frente indirecto de confrontación si Washington decide avanzar en esa dirección.
Al mismo tiempo, analistas subrayan que el apoyo abierto a insurgencias armadas podría reforzar la narrativa del régimen iraní sobre injerencia extranjera y consolidar sectores duros dentro del aparato estatal.
Hasta el momento, la Casa Blanca no confirmó oficialmente una política de cambio de régimen, aunque la retórica reciente de Trump ha endurecido el tono hacia Teherán.
Como antecedente, Estados Unidos ha respaldado en el pasado a fuerzas locales en escenarios de conflicto con el objetivo de debilitar gobiernos adversarios.
En Siria e Irak apoyó a milicias kurdas en la lucha contra el Estado Islámico; en Afganistán, durante la guerra contra la Unión Soviética en los años 80, financió y entrenó a combatientes muyahidines; y en Libia brindó apoyo político y militar indirecto a fuerzas que contribuyeron a la caída de Muammar Gaddafi en 2011. (ANSA).