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Las tortugas gigantes regresan a su hogar en Galápagos tras 175 años gracias a un ambicioso proyecto científico liderado por un estadounidense
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Las tortugas gigantes regresan a su hogar en Galápagos tras 175 años gracias a un ambicioso proyecto científico liderado por un estadounidense

En una calurosa mañana de febrero, un grupo de guardaparques avanza cuesta arriba por un terreno volcánico de la isla Floreana, en el archipiélago ecuatoriano de las Galápagos. Cada uno lleva en la espalda una caja de plástico de unos 45 kilos. Dentro viajan algunas de las criaturas más emblemáticas del planeta: tortugas gigantes que regresan a su hogar después de 175 años.

Aunque todavía no son gigantes -tienen entre siete y quince años y pesan entre 4,5 y 18 kilos- los científicos esperan que con el tiempo cumplan el mismo rol ecológico que tuvieron sus antepasados durante miles de años.

Tortugas híbridas para reconstruir una especie

Las tortugas liberadas no pertenecen exactamente a la especie original de Floreana, que fue declarada extinta. En realidad son híbridas que conservan parte de su linaje genético.

Durante más de 15 años, los investigadores desarrollaron un programa de cría basado en tortugas que portaban genes de la especie perdida. Muchas de ellas también contienen ADN de tortugas del volcán Wolf, en la isla Isabela, y de otras especies cercanas del archipiélago.

Gracias a ese trabajo, se criaron al menos 720 tortugas híbridas con fuerte componente genético de la especie Floreana. La liberación actual es el paso más importante para probar si pueden sobrevivir en libertad y eventualmente reconstruir una población estable.

Uno de los científicos clave detrás del proyecto es el biólogo conservacionista James Gibbs, explorador de National Geographic y profesor en la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales de la Universidad Estatal de Nueva York, en Syracuse, quien lleva décadas estudiando las tortugas del archipiélago.

“Nunca pensé que esto sucedería”, admitió mientras observaba a las crías caminar lentamente hacia la vegetación.

Restaurar una isla entera

La reintroducción de las tortugas forma parte de un proyecto de restauración ecológica mucho más amplio. Durante siglos, las actividades humanas alteraron profundamente el ecosistema de Floreana.

Balleneros, colonos y exploradores introdujeron animales como cabras, ratas, gatos, caballos y cerdos. Estas especies invasoras compitieron con la fauna local o directamente la exterminaron.

Durante décadas, los conservacionistas han intentado revertir ese daño. En 2007, por ejemplo, se eliminó la última cabra salvaje de la isla, considerada una de las especies invasoras más destructivas.

En los últimos años, los esfuerzos se concentraron en reducir poblaciones de ratas negras y gatos asilvestrados, dos depredadores que amenazan especialmente a las aves que anidan en el suelo.

El plan completo de restauración ecológica de Floreana -que incluye control de especies invasoras, recuperación de vegetación nativa y manejo del territorio- ha requerido inversiones cercanas a los 15 millones de dólares.

Ingenieras del ecosistema

Las tortugas gigantes son consideradas especies clave para el funcionamiento de las Galápagos. Su presencia influye directamente en la vegetación y en la estructura del ecosistema.

Al desplazarse por el terreno, abren senderos naturales y dispersan semillas de plantas que luego germinan en distintos puntos de la isla.

“Eso es fundamental para el crecimiento de las plantas y otras especies”, explicó a National Geographic Rakan Zahawi, director ejecutivo de la Fundación Charles Darwin, organización que participa en el proyecto de restauración.

El impacto positivo ya comienza a observarse. La reducción de ratas y gatos permitió el regreso de algunas aves nativas, como el rascón de las Galápagos, que no se veía en la isla desde hacía casi 200 años.

“Estamos comprometidos a largo plazo”, dijo Gibbs. “En los próximos 50 años volveremos a ver miles de tortugas gigantes en esta isla. Por eso luchamos”.